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domingo, 18 de abril de 2021

GLOBALIZACIÓN, MERCADOS Y ESTADOS

Inicio mi opinión de hoy apelando una vez más a la Real Academia Española que en el Diccionario de la Lengua Española dice que los «negacionistas» son partidarios de la «Actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes»; un ejemplo claro de negacionismo es el de considerar que la «globalización» es solo una ideología y no una realidad mundial que la RAE, en materia económica, define como «Proceso por el que las economías y mercados, con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, adquieren una dimensión mundial, de modo que dependen cada vez más de los mercados externos y menos de la acción reguladora de los Gobiernos».

Las tecnologías de la información y las comunicaciones han facilitado lo que se ha denominado la Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0 y el desarrollo de la globalización, por lo que en la actualidad un individuo puede comprar un producto ofrecido por un agente económico asentado en territorio estadounidense, chino o de cualquier otra nacionalidad y en menos de una semana podría estar recibiéndolo en su hogar o en sitio de trabajo ¡Esto es real, no es solo un ideal!

La filósofa rusa Alisa Zinóvievna Rosenbaum, conocida por su seudónimo de Ayn Rand, advirtió que «Puedes ignorar la realidad, pero no puedes ignorar las consecuencias de ignorar la realidad» y por ello quienes ignoran o niegan la realidad de la globalización deben enfrentarse a las consecuencias que ello conlleva. Los gobernantes de los estados, por ejemplo, pueden seguir aplazando la actualización de sus legislaciones para adaptarse a la realidad de los mercados o pueden seguir esperando, de manera inútil, que los mercados se adapten a sus pretensiones, pero lo único cierto es que condenarán a sus gobernados a sufrir las consecuencias que en materia económica se deriven, pues los mercados seguirán obedeciendo a las leyes que los rigen teniendo en cuenta que los seres humanos seguiremos satisfaciendo nuestras necesidades de acuerdo con las soluciones que en los diferentes mercados se nos ofrecen.

Esta semana el administrador de empresas y escritor René Burgos manifestó que «El registro Invima de mi arequipe me vale 7 millones, el del yogurt 7 millones y el de la leche condensada 7 millones, 21 millones solo para poder tener licencia para vender y todavía no he comprado la marmita» ¿Cómo puede competir un joven emprendedor como éste frente a empresarios de otras naciones que no tienen que pagar esa cantidad de dinero para obtener el registro que les permite comercializar sus productos? Para justificar que hacen algo, los legisladores proponen y aprueban leyes innecesarias para producir y comercializar no solo la leche y sus derivados, sino también la panela, los combustibles como la gasolina, el servicio de transporte y toda actividad económica, por lo cual siguen teniendo vigencia las palabras del expresidente de Estados Unidos Ronald Wilson Reagan cuando dijo «La visión del Gobierno sobre la economía se podría resumir en unas pocas frases cortas: si se mueve, ponle impuestos; si se sigue moviendo, regúlalo. Y si deja de moverse, subsídialo».

El exceso de reglamentaciones en Colombia, que está muy ligado al tamaño del estado, ha hecho que nuestra población no produzca la riqueza que puede generar, pero los gobernantes sí se creen con el derecho de redistribuir la poca riqueza que permiten que la población produzca y por ello se les ha convertido en un hábito tramitar reformas tributarias para aumentar no solo las tasas de tributación, sino también el número de individuos que deben contribuir de forma impositiva a la financiación del gasto público; por lo anterior, yo considero que el mejor apoyo estatal que podrían recibir los emprendedores colombianos es que el estado les quite la carga tributaria y los trámites que impiden que el sector privado sea más productivo.

Lo mismo sucede en todos sectores de la producción como, por ejemplo, el del transporte en el que a las empresas formales el estado les ordena el cumplimiento de las normas que además de la tramitología burocrática exige el pago de ciertos permisos para que sus vehículos puedan transitar y ofrecer un servicio de tanta importancia para la movilidad de la población; esos costos gubernamentales las empresas deben incluirlos en los precios que deben pagar los usuarios; no obstante, los mercados que obedecen a las leyes de la oferta y la demanda y no a las legislaciones de los estados, debido también a las tecnologías de la información y las comunicaciones y a la globalización permiten que, a través de aplicaciones de dispositivos móviles, se ofrezcan servicios de transporte a menor precio y en algunos casos más seguros y de mejor calidad que el de las empresas que decidieron formalizarse, lo cual pone en desventaja a quienes quieren cumplir con la imposición gubernamental y a pesar de que la Superintendencia de Industria y Comercio SIC, en nombre del estado, ejerza coerción ordenándole a uno de los agentes económicos informales la cesación de la prestación del servicio de transporte de pasajeros, mientras exista demanda por parte de los usuarios también existirá un mercado negro en el que se ofrezca un servicio a través de otras aplicaciones, pues como dijo el exprimer ministro británico Winston Leonard Spencer Churchill «Si destruyes un mercado libre creas un mercado negro, si creas diez mil regulaciones destruyes todo el respeto por la ley».

Por lo anterior es que yo opino que el tamaño del estado y el exceso de regulaciones que redundan en el intervencionismo gubernamental en los asuntos económicos de la nación genera un desequilibrio a favor de unos y en contra de otros agentes económicos ante el cual los mismos mercados reaccionan para equilibrar la ecuación, como lo he sostenido con anterioridad ¡Así funciona el mundo real que algunos prefieren negar!

domingo, 11 de abril de 2021

SEPARACIÓN ENTRE EL ESTADO Y LA RELIGIÓN

Con anterioridad he publicado mis pensamientos anticaudillistas, pues considero que los seres humanos no deberíamos subordinarnos a otros que tienen las mismas potencialidades o capacidades con las que hemos sido dotados.

Se cree que casi hasta finales del Siglo IV los emperadores romanos exhibían el título de máximo pontífice («pontifex maximus») como el mayor cargo del caudillismo religioso, pero León I fue el primer obispo romano que asumió dicho título con la finalidad de restaurar su credibilidad y reducir la influencia que los emperadores romanos habían logrado entre los cristianos después de que Flavio Valerio Aurelio Constantino autorizara la práctica del culto a Cristo y se iniciara la persecución a los no cristianos. Después de esto se inició un concubinato, que ha sobrevivido hasta nuestros días, entre el caudillismo religioso y el caudillismo político en diferentes territorios del planeta con la finalidad de mantener su dominio sobre los individuos.

De acuerdo con la evidencia histórica, el teólogo francés Oscar Cullmann señaló que «Hasta los primeros días del siglo tercero, nunca se le ocurrió a ningún obispo de Roma referirse a Mateo 16:17 y siguientes, aplicándoselos a sí mismo en el sentido de ser la cabeza de la Iglesia». Juan Crisóstomo, quien también se conoció como Juan de Antioquía, creía que en ese texto bíblico se hizo referencia a la confesión que hizo Pedro y no a Pedro mismo; asimismo, Agustín de Hipona pensaba que Jesús no se refirió a Pedro, sino sí mismo; sin embargo, para los caudillos religiosos es muy conveniente hacer creer que ellos son los vicarios de Cristo y, por lo tanto, los máximos representantes de Dios en la tierra.

A diferencia de las generaciones de estudiantes colombianos de los últimos cinco lustros, mi generación tuvo la oportunidad de que nos enseñaran historia durante nuestro proceso de educación formal. La eliminación de la cátedra de historia de los planes de estudios de las instituciones educativas se dio en el año 1994, pero eso no ha impedido que los interesados en conocer los hechos del pasado continuemos haciéndolo por cuenta propia y podamos sacar nuestras conclusiones y nuestro propio aprendizaje. Una de las enseñanzas que algunos hemos obtenido en ese proceso es que «la historia la escriben los vencedores».

Por lo anterior, no debe extrañarnos que en la lucha de poder entre los caudillos la historia se tergiverse, se reinterprete o se reescriba para mostrar que los caudillos son los principales protagonistas en ella, pero solo quienes se interesan en buscar la verdad pueden encontrarla y, por el contrario, quienes tienen predisposición a creer las mentiras quedan deslumbrados frente a cualquier cuento de hadas que les narren.

Muchos aprendimos que el 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón llegó a América con el apoyo de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, quienes habían decretado la conversión al catolicismo mediante la coerción a los judíos (a quienes llamaban marranos) y a los musulmanes (a quienes les decían moriscos) o la expropiación de bienes y la expatriación a quienes se negaran a convertirse. A ellos uno de los caudillos de la religión católica los denominó «reyes católicos». Si observamos con atención la realidad del mundo actual, entonces podemos ver que ese comportamiento no ha cambiado y que entre los caudillos se siguen concediendo a nivel internacional, nacional, regional y local premios, reconocimientos, nombramientos, se reparten medallas, se aprueban leyes y decretos para exaltar sus personalidades, a pesar de que son tan humanos como el resto y que muchas veces su único mérito es su caudillismo.

La República de Colombia también ha sido escenario del fraude caudillista político-religioso, ya que en 1886 mediante la Constitución Política y en 1887 con el Concordato que se firmó con el Vaticano, se legitimó la discriminación y la exclusión, persiguiendo en nombre del estado a quienes tuvieran un pensamiento diferente al «oficial»; no obstante, en la última década del Siglo XX el pensamiento liberal logró abrirse paso en la Constitución Política de 1991 para facilitar la construcción de una nación incluyente y pluralista, aunque aun limitada por el poder caudillista de quienes hacen parte de los poderes públicos.

Otro logro del pensamiento liberal en la década de los noventa fue la apertura económica que ha facilitado el intercambio comercial entre los países y le ha permitido a nuestra población obtener productos a precios accesibles; sin embargo, el tamaño del estado colombiano (que también se refleja en el excesivo número de reglamentaciones y trámites) hace que el precio final de los bienes y servicios ofertados en los diferentes mercados incluyan altas tasas tributarias para financiar el exorbitante nivel de gasto del estado colombiano.

Por todo lo anterior, finalizo mi opinión de hoy con la siguiente reflexión: Si de la misma forma como se logró la separación entre el estado y la religión católica también buscamos la separación entre el estado y la economía ¿Por qué no?

domingo, 4 de abril de 2021

MI EXPERIENCIA CON EL RESUCITADO

En el Siglo I en la antigua ciudad de Corinto, capital de la provincia romana de Acaya, el apóstol Pablo, quien antes de su conversión al cristianismo se denominaba «Saulo de Tarso», predicó las buenas nuevas de Jesucristo durante un período de dieciocho meses por mandato del mismo Señor que le dijo «No tengas miedo; sigue anunciando el mensaje y no calles. Porque yo estoy contigo y nadie te puede tocar para hacerte daño, pues mi pueblo es muy grande en esta ciudad». Allí fue plantada una de las primeras congregaciones cristianas a la que se remitieron dos de las «cartas paulinas»; en una de sus epístolas el apóstol le dijo a los corintios lo siguiente:

«En primer lugar les he enseñado la misma tradición que yo recibí, a saber, que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que lo sepultaron y que resucitó al tercer día, también según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y luego a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos ya han muerto. Después se apareció a Santiago, y luego a todos los apóstoles.

Por último se me apareció también a mí, que soy como un niño nacido anormalmente.»


En efecto, antes de su conversión Pablo creía estar sirviéndole a Dios al perseguir a los primeros cristianos, pero una vez el Señor Jesucristo se le apareció en persona, habiendo resucitado de entre los muertos, este hombre no podía negar la realidad de la que él mismo comenzaba a ser testigo, por lo cual dirigiéndose a los corintios añadió:

«Porque si los muertos no resucitan, entonces tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, el mensaje que predicamos no vale para nada, ni tampoco vale para nada la fe que ustedes tienen. Si esto fuera así, nosotros resultaríamos ser testigos falsos de Dios, puesto que estaríamos afirmando en contra de Dios que él resucitó a Cristo, cuando en realidad no lo habría resucitado si fuera verdad que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, entonces tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes no vale para nada: todavía siguen en sus pecados.»


Uno de los episodios posteriores a la resurrección de Jesucristo que más me conmueve es aquel en el que el Señor se le apareció a sus discípulos y les mostró las manos y el costado; ellos se alegraron de verlo vivo; sin embargo, la Escritura narra que el apóstol Tomás no estaba con ellos cuando eso sucedió, por lo cual cuando los demás le narraron lo acontecido y que habían tenido la experiencia de ver a Jesús resucitado, Tomás les respondió con la sinceridad de alguien que está dispuesto a creer si le presentan las evidencias de lo que se afirma: «Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer» ¡El solo quería vivir la experiencia que los demás discípulos habían tenido! Por ello cuando Jesucristo les apareció otra vez le dijo a Tomás: «Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo; ¡cree!» ¡Está demás decirles que desde ese día Tomás fue uno de los creyentes que estuvo dispuesto a ofrendar su vida para defender la verdad de la resurrección de Cristo!

Yo, hace varios años, no creía que Dios existiera y, por lo tanto, tampoco creía que Jesucristo fuese Dios o el Hijo de Dios y mucho menos que hubiese muerto y resucitado, como testificaron y escribieron los primeros cristianos. No me interesé en darle a conocer a otros lo que pensaba acerca de la existencia de Dios y tampoco en pedir evidencias de la certeza de esa verdad hasta que un amigo, jugando futbol, me dijo que si quería saber si Dios era real debía hablarle; si Él me respondía, entonces yo me convencería de que Dios existía. Aquel reto no me pareció irracional, por lo cual aquella misma noche, acostado sobre mi cama, hablé al techo de mi habitación diciendo: ¡Dios, si tú existes, demuéstramelo!

Solo quiero compartir con ustedes que Aquél que le dijo a Tomás «No seas incrédulo» y que se le atravesó a Saulo de Tarso en el camino a Damasco y le preguntó «¿por qué me persigues?», no solo me demostró que existe, sino también me ha demostrado en repetidas ocasiones que me ama, que me bendice, que me cuida, que me respalda, que está conmigo a donde quiera que voy; por lo que me uno al salmista al decir «¡Entiendan, gente torpe y necia! ¿Cuándo podrán comprender? ¿Acaso no habrá de oír el que ha hecho los oídos? ¿Y acaso no habrá de ver el que ha formado los ojos?» ¿Acaso no hablará el que ha hecho la boca? Por lo cual dice: «Si hoy escuchan ustedes lo que Dios dice, no endurezcan su corazón como aquellos que se rebelaron».

Otro de aquellos primeros testigos de que Cristo vive es el apóstol Pedro, quien en una de sus cartas dirigidas a los primeros cristianos les dijo «Estén siempre preparados a responder a todo el que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen», por lo cual en diálogos que he sostenido con hombres y mujeres bastante fundamentados con conocimientos filosóficos y científicos, que se reconocen como ateos y que me han pedido que les demuestre la existencia de Dios, yo les he dicho que me demuestren la existencia de su mamá o de la mía sin usar un argumento teísta (en el ateísmo hay argumentos para refutar casi todos los argumentos que cualquier teísta usaría para debatir sobre la inexistencia de Dios). Todavía no conozco al primer ateo que me haya podido demostrar que su mamá o la mía existen, pero eso no quiere decir que sean inexistentes. Lo que sí puedo decir es que la experiencia de vida que tanto ellos como yo hemos tenido con nuestras madres, nos impide aceptar su inexistencia.

Apreciado lector, ¿tú ya experimentaste a Cristo resucitado?

domingo, 28 de marzo de 2021

SILENCIAR AL MENSAJERO

El nombre del italiano Galileo Galilei está muy ligado a la revolución científica, ya que dedicó su vida a la búsqueda del conocimiento y de la verdad. Albert Einstein dijo acerca de Galilei que es el «padre de la ciencia moderna», lo cual hace justicia a la dimensión de su trabajo por el cual se le puede considerar como uno de los pioneros del método científico; sin embargo, Galileo tuvo que enfrentar el dogmatismo de los caudillos religiosos de su época, así como también de aquellos con mentalidad caudillista que se resistían a aceptar los nuevos conocimientos aportados por el científico, filósofo, físico y matemático nacido en Pisa. Fue conminado a presentarse ante la inquisición católico-romana que lo obligó a retractarse de sus investigaciones que contradecían la idea geocentrista defendida por los jerarcas de la iglesia católica ¡Ellos prefirieron silenciar al mensajero antes que reconocer la verdad universal expuesta por el intelectual!
En la literatura universal se pueden hallar otros ejemplos acerca de la práctica de silenciar o matar al portador de los mensajes que no les convienen a los receptores intolerantes frente a la exposición de verdades universales inviolables e irrefutables ¡Ante la imposibilidad de contradecir el mensaje prefieren atacar al mensajero!

La Real Academia Española RAE define el vocablo «debatir» como «Dicho de dos o más personas: Discutir un tema con opiniones diferentes». El debate tiene unas normas básicas para que quienes participan en él lo hagan de forma razonable, pero existen ciertas prácticas que se hacen de forma intencional con la finalidad de desviar la atención del tema central que se discute. Me refiero a las falacias que la RAE define como «Engaño, fraude o mentira». Una de las falacias más usadas es el argumento ad hominem (contra el hombre)​, de la que el ataque al mensajero es una ligera variante, que consiste en desacreditar a la persona que presenta un argumento, criticándole sin responder o hacer referencia a lo que se expone; es decir, se ataca a la persona, pero no al argumento.

Esa fue la falacia usada por los caudillos de la religión católica para intentar detener la verdad científica expuesta por Galileo Galilei y también para pretender frenar el mensaje de los reformadores como Martín Lutero ¡Hasta el tiempo presente se han negado al debate usando otra falacia: la de autoridad! ¡No quieren arriesgarse a perder el dominio que mantienen sobre aquellos que no se atreven a pensar con libertad!

«Silenciar o matar al mensajero» es una práctica deshonesta usada también por los caudillos políticos cuando se expone un argumento que contradice sus propuestas contrarias a las verdades universales descubiertas hace mucho tiempo por hombres de ciencia y, por consiguiente, irrealizables en el mundo real; cuando un periodista les formula preguntas inconvenientes para su popularidad, en lugar de responder prefieren «silenciar al mensajero» atacándolo con señalamientos que según ellos le quitan credibilidad al periodista. De igual forma responden algunos ante la opinión pública cuando se les abre una investigación por parte de algún órgano de control, su argumento es denunciar que el funcionario encargado de investigarlo «es familia de algún vecino de una tía del cuñado del primo de la secretaria de algún delincuente» ¡Si un ciego afirma que la luz brilla, entonces criticarán al ciego por hacer esa afirmación siendo incapaz de poder observar las destellos de la luz!

Yo he dedicado varios años a estudiar algunos temas específicos, por lo que los conocimientos que he acumulado me han sido de gran utilidad para el buen desempeño de mis actividades laborales en diferentes municipios de Córdoba, Sucre, Antioquia y ahora de Santander; para mí esa es una razón de gran importancia para no rehuirle al debate y en vista de que algunos me contradicen en asuntos que conozco y en los ellos tienen menos experiencia, yo acudo al método socrático, que ya he explicado, con el objetivo de que ellos encuentren la iluminación por sus propios medios; sin embargo, su reacción es poco amigable cuando la vocecita dentro de sus cabezas responde a mis preguntas y entienden, por sí mismos, que la «verdad» que defienden es insostenible.

Hace algunos meses comencé a alimentar mi blog y las redes sociales con contenidos de los temas en los que tengo algún dominio con el fin de compartir lo que he aprendido con quienes no tienen conocimientos al respecto o con quienes teniéndolos estuvieran interesados en dialogar sobre ellos, ya que tengo una preferencia por el «diálogo» que se define como «Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos»; he recibido elogios y mensajes de admiración por esta tarea, pero también he recibido críticas que en las últimas semanas se han centrado en mi vida personal y familiar y que, en consecuencia, han dejado de lado la esencia de los temas que publico; sin embargo, yo tengo muy clara la enseñanza de Platón cuando afirmó que «Los sabios hablan porque tienen algo que decir, los tontos hablan porque tienen que decir algo».

También he dicho muchas veces que yo no reconozco enemigos, pues incluso con quienes he tenido diferencias en el pasado hoy mantengo unas relaciones cordiales enmarcadas dentro del respeto y la consideración. No me ha gustado victimizarme y esta no va a ser la primera vez que lo haga, pues aunque al igual que los demás creyentes en Jesucristo sé que si alguien me pega en una mejilla debo ofrecerle también la otra, también sé que solo tengo dos mejillas. Otros prefieren poner sus mejillas para que les peguen una y otra vez, incluso algunos son capaces de poner hasta las nalgas cuando se cansan de que les peguen en el rostro. Yo en cambio he aprendido a responder (no siempre con palabras) en la justa medida de lo que merecen los ataques que recibo, pero no me dejo silenciar con facilidad.

Galileo se mantuvo firme cuando dijo «Y, sin embargo, se mueve» después de que la inquisición le ordenara retractarse y lo condenara a prisión perpetua por demostrar que la Tierra se mueve y que ésta no es el centro del universo, así también yo soy el portador de un mensaje desagradable para mis contradictores: ¡Aquí sigo opinando, no me voy a dejar silenciar! ¡Mientras Dios me lo permita todavía tengo mucho para decir!

domingo, 21 de marzo de 2021

MORALIDAD ADMINISTRATIVA: PRINCIPIO CON TEXTURA ABIERTA

 

A finales del año 2020 visité a uno de mis compañeros de estudios que es uno de los pocos verdaderos amigos que Dios me ha permitido cosechar en mi recorrido por este mundo. Entre muchas anécdotas, él me recordó que nuestro profesor de filosofía me daba la responsabilidad de calificar las evaluaciones de mis compañeros y que yo le asignaba a cada uno de ellos las notas que sus resultados merecían, sin que yo le diera mayor importancia a que mi forma de actuar me trajera discordias con ellos. Mi amigo me preguntó durante la amena conversación que sostuvimos si todavía yo seguía teniendo la rectitud de aquellos tiempos juveniles. Mi respuesta estuvo acompañada del relato de algunos acontecimientos de mi vida que respaldan que mi conducta sigue siendo coherente con los mismos principios que tenía en aquella época, con la diferencia de que ahora tengo más conocimientos y más experiencias acerca del comportamiento de los seres humanos.

Durante muchos siglos la ética y la moral han sido estudiadas y discutidas por diferentes escuelas de pensamiento y aunque no existe un concepto universal para éstos términos, se puede decir que la moral es el conjunto de valores, principios, normas de conducta y prohibiciones de un individuo o grupo humano determinado, que se usa como modelo ideal de una buena conducta aceptada por una sociedad, mientras que la ética estudia la moral y determina lo que es bueno o malo; es decir, la ética es la ciencia del comportamiento moral de los seres humanos.

La semana pasada cité el artículo 209 de la Constitución Política de Colombia para decir que el propósito de la función administrativa del estado es la satisfacción de las necesidades generales de la población, de conformidad con los principios en ella consagrados, por lo cual los individuos que ejercen funciones administrativas, de manera permanente o transitoria, deberían hacerlo con fundamento en los principios de igualdad, moralidad, eficacia, economía, celeridad, imparcialidad y publicidad, mediante la descentralización, la delegación y la desconcentración de funciones (Constitución Política de Colombia y Ley 489 de 1998). Como se puede ver, uno de esos principios es la moralidad administrativa cuyo concepto jurídico es indeterminado o de textura abierta, por lo cual el Consejo de Estado en sus intentos por ofrecer claridad sobre el tema definió este principio como «el derecho que tiene la comunidad a que el patrimonio público sea manejado de acuerdo a la legislación vigente, con la diligencia y cuidados propios de un buen funcionario»; sin embargo, eso y nada es casi lo mismo, pues decir que el patrimonio del estado se maneja según lo que dicen las leyes vigentes cuyo concepto de moralidad administrativa es indeterminado es «dar un giro de trescientos sesenta grados».

Como ya dije, los conceptos de ética y de moral han sido muy estudiados, concluyendo en dos líneas de pensamiento muy claras: Una de ellas se refiere a la moralidad objetiva que está basada en lo externo de los individuos que son inspirados por un paradigma superior de moralidad que no cambia y, en consecuencia, sus conceptos morales tampoco lo hacen; por otro lado, se encuentra la moralidad subjetiva que depende de la situación de cada individuo, de su cultura y de sus gustos, por lo cual es cambiante, es contradictoria y varía de una persona a otra; la moralidad subjetiva facilita lo que denominamos la «multimoralidad» o «relativismo ético» que es la posición de quienes niegan la existencia de los absolutos morales y, por lo tanto, afirman que no hay moral en lo bueno o en malo, sino que éstos se basan en las normas de una sociedad.

Para ilustrar lo anterior, se puede decir que los multimoralistas consideran que es aceptable matar a un ser humano no nacido, pero es inaceptable matar a un ser humano nacido que se ha alzado en armas contra una sociedad, aunque no haya cumplido la mayoría de edad; los relativistas éticos son los mismos que dicen acerca de sus caudillos «no importa que roben mientras hagan»; a ellos también les incomodan las verdades y quienes las exponen, porque ponen al desnudo las mentiras de los multimoralistas que han pretendido relativizar las verdades, aunque éstas hayan sido demostradas por las ciencias ¡Hablan de que cada uno tiene su verdad de la misma forma en que afirman que no es necesario que lo bueno para uno no deba serlo para otro! ¡Una «verdad relativa» es una mentira, pues la verdad siempre es absoluta!

En una ponencia que presenté hace algunos años durante la celebración del día del administrador público organizada por la Universidad de Cartagena en el Centro Cultural Raúl Gómez Jattin de Cereté (Córdoba) expuse la siguiente reflexión: Si durante una crisis económica en una calle oscura un hombre desconocido y armado se le acerca mientras usted lleva comida para su familia, ¿Usted preferiría que ese desconocido sea: Un moralista objetivo que tiene la convicción de que robar y matar es malo o un moralista subjetivo que tiene una necesidad, cree que tiene derecho a despojarle de sus bienes porque es injusto que usted tenga más que él y que puede adaptar su moralidad a las circunstancias del momento?

Yo no sé si mi profesor de filosofía me ponía la tarea de calificar a mis compañeros para probar los principios por los que se guiaba mi conducta o para enseñarme que el mundo real que debía enfrentar fuera de las aulas de clases tenía que vivirlo con la misma integridad con la que desempeñaba aquel pequeño trabajo, aunque ello fuera la causa de que algunos se enemistaran conmigo y se alejaran de mí dejando conmigo solo a quienes tienen un estándar moral como el que orienta mi comportamiento.

Por lo anterior, quiero finalizar mi opinión de hoy con las siguientes conclusiones:
  1. Los principios morales son importantes en el hogar, en el ámbito laboral, en la sociedad y en cualquier rol que desempeña un individuo.
  2. Si no existe un paradigma superior de moralidad, entonces no es posible juzgar lo que es bueno o malo, ya que en una sociedad multimoral lo bueno, lo malo, la justicia y la verdad son considerados relativos.
  3. Sólo porque un grupo de personas (mayoría o minoría) piense que algo es bueno no lo hace bueno.
  4. El relativismo ético es un peligro para una sociedad o para un estado.
  5. La función administrativa tiene un propósito colectivo, por lo que debería estar orientada por valores morales absolutos y no subjetivos.
  6. La moralidad administrativa es un principio constitucional que los buenos servidores públicos deben aplicar en todo momento y circunstancia.

domingo, 14 de marzo de 2021

EL QUE MANDA TIENE QUE HACERSE COMO EL QUE SIRVE


«Es mejor ser útil y provechoso que ser importante. El gran problema que atraviesa nuestra época, la presente y venidera generación es que muchos no quieren ser útiles, sino muy importantes» fue una de las frases pronunciadas por Winston Leonard Spencer Churchill, quien además de ser reconocido por su liderazgo en Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1953.

En una ocasión los discípulos de Jesucristo discutían acerca de quién de ellos debía ser considerado el más importante, pero el Gran Maestro de origen judío los exhortó con las siguientes palabras: «Entre los paganos, los reyes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y a los jefes se les da el título de benefactores. Pero ustedes no deben ser así. Al contrario, el más importante entre ustedes tiene que hacerse como el más joven, y el que manda tiene que hacerse como el que sirve. Pues ¿quién es más importante, el que se sienta a la mesa a comer o el que sirve? ¿Acaso no lo es el que se sienta a la mesa? En cambio yo estoy entre ustedes como el que sirve», por lo cual todo aquél que se considere cristiano debería seguir la instrucción «ustedes no deben ser así», sino que deberían procurar ser útiles y provechosos para quienes les rodean.

Quizás, apreciado lector, no te consideres seguidor de las enseñanzas de Jesucristo o menosprecies el pensamiento de Churchill, pero por tu bienestar y el éxito de tus iniciativas deberías meditar en la implementación de sus instrucciones. Solo quienes logran poner al servicio de los demás los productos de sus ocupaciones o profesiones alcanzan el éxito, ya que al ser útiles y provechosos para otros pueden hacer que estos quieran pagar un precio a cambio del beneficio que obtienen de que se les sirva, si no lo logran solo estarán condenados al fracaso en ese propósito.

En Colombia existen 1.274.103 servidores públicos que se encuentran bajo el imperio de la Constitución Política que en el artículo 209 señala que «La función administrativa está al servicio de los intereses generales y se desarrolla con fundamento en los principios de igualdad, moralidad, eficacia, economía, celeridad, imparcialidad y publicidad, mediante la descentralización, la delegación y la desconcentración de funciones»; sin embargo, muchos de esos servidores públicos se preguntan, al igual que aquellos primeros discípulos de Cristo, cuál de ellos debería ser considerado el más importante y, por lo tanto, se comportan más como jefes que como servidores; quienes así piensan están convencidos de que el resto de la población debería darles el título de benefactores y rendirles toda clase de pleitesía, mientras ellos le tratan con tiranía.

Un servidor público colombiano, además de conocer y aplicar los principios de la función administrativa, debería estar al servicio de los intereses generales de la población y, en especial, de aquellos que no tienen los medios o los conocimientos para acceder con facilidad a la oferta institucional del estado.

El pensador chino Confucio dijo «Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida» y Steven Paul Jobs afirmó que «La única forma de hacer un gran trabajo es amar lo que haces. Si no lo has encontrado aún, sigue buscando. No te conformes. Como todo lo que tiene que ver con el corazón, te darás cuenta cuando lo encuentres»; en consecuencia, solo quien disfruta cada vez que pone al servicio de los demás el producto de su trabajo, encuentra la felicidad todos los días de su vida, pero quienes lo hacen solo por el dinero que reciben a cambio, también hallarán frustraciones a diario.

Asimismo, yerran quienes piensan que por el cargo que ocupan o por el trabajo que desempeñan el resto de la humanidad debería rendirse ante ellos y obedecerles así como los súbditos se subordinaban ante el mandato de los reyes. ¡Nosotros no debemos ser así! Nosotros debemos ser ejemplo y poner al servicio de los demás los dones, los talentos, las capacidades, los conocimientos y todo lo bueno con lo que la Divina Providencia nos ha equipado para hacer que nuestro peregrinaje por este mundo sea útil y provechoso.

domingo, 7 de marzo de 2021

TANTO MERCADO COMO SEA POSIBLE

Yo pienso que no es necesario hacer demasiada ilustración para que alguien pueda entender que no debe imitar el estilo de vida de una persona con altos ingresos económicos si no produce los ingresos suficientes para financiar los altos gastos que ello demanda y mucho menos si se encuentra por debajo de la línea de pobreza o de indigencia. He conocido algunos casos de personas que pretendiendo aparentar lo que no son o lo que no tienen solo han logrado acumular una gran cantidad de deudas, ya que sus gastos han superado a sus ingresos y para cumplir con las obligaciones económicas que contrajeron para pagar sus apariencias han tenido que empeñar no solo su presente sino también su porvenir. Asimismo, los gobiernos de las naciones en vía de desarrollo o pobres no deberían tener un gasto público en el mismo nivel o en un nivel superior al de las naciones desarrolladas, ya que su producto interno bruto es insuficiente para sostener niveles de gasto tan altos. Lo que sí deberían hacer las personas y las naciones es imitar lo que han hecho los individuos y las naciones que han elevado sus niveles de desarrollo o de progreso.

Uno de los ejemplos más significativos de superación es la nación alemana, que después de dos guerras mundiales presentó altos porcentajes de desempleo, hiperinflación y devaluación de su moneda hasta el punto en que sus habitantes usaban el trueque para sus intercambios comerciales; además, en 1949, fue dividida en dos naciones, una de ellas fue Alemania Occidental (República Federal de Alemania) y la otra Alemania Oriental (República Democrática Alemana). El primer canciller de la República Federal de Alemania fue Konrad Hermann Joseph Adenauer, lo cual hizo que fuera reconocido como uno de los forjadores del «milagro económico alemán», llevando a esa nación a triplicar su producto interno bruto en solo quince años gracias a las medidas económicas liberales que implementaron y que siguen implementando en la actualidad.

Adenauer dejó constancia de que «Sólo quedó una vía para salvar nuestra libertad política, nuestra libertad personal, nuestra seguridad, nuestra forma de vida, desarrollada desde hacía muchos siglos, y que tenía como base un concepto cristiano y humano del mundo: una firme conexión con los pueblos y países que tengan las mismas opiniones que nosotros sobre Estado, Persona, Libertad y Propiedad» para señalarle a sus compatriotas el camino que debían seguir para volver a disfrutar del progreso que habían experimentado antes de 1914.

No sorprende que el autor del libro «La ética protestante y el espíritu del capitalismo» sea un alemán, el sociólogo y economista Maximilian Karl Emil Weber, cuya lectura recomiendo para quienes se encuentren interesados en conocer la relación entre los principios y los valores de la doctrina cristiana y la superación de la pobreza a través del capitalismo.

Algunos piensan que el milagro económico alemán se dio gracias a las inversiones económicas de Estados Unidos para reconstruir a los países destruidos durante la Segunda Guerra Mundial a través de lo que se conoció como el Plan Marshall; sin embargo, Reino Unido y Francia no alcanzaron los niveles de crecimiento de Alemania Occidental a pesar de haber recibido mayor cantidad de recursos económicos de inversión; tampoco se logró que las naciones asiáticas que también recibieron ayudas económicas estadounidenses durante la postguerra lograran los niveles de desarrollo que alcanzó la Alemania que se decidió por el liberalismo económico. ¿Qué podemos decir los colombianos que hemos recibido durante dos décadas recursos económicos de Estados Unidos a través del Plan Colombia? ¿Han sido útiles esos recursos para que los pobres superen su condición económica?

A Adenauer se le conoce también por su frase «Tanto Mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario» que ha sido la máxima usada por quienes promueven la Tercera Vía. No obstante, en América Latina anhelamos los niveles de desarrollo de naciones como Alemania, pero insistimos en imitar de forma tonta lo que hacen naciones como Cuba, Venezuela o Argentina al implementar «Tanto Estado como sea posible, tanto Mercado como sea necesario»; estimulamos el crecimiento del tamaño de los estados mientras frenamos la productividad de los mercados.

En la actualidad el porcentaje del gasto público colombiano es superior al alemán. Colombia tuvo una caída en su PIB del 6,8% durante el año pasado, mientras la de Alemania fue del 4,9%. En 2020 el PIB per cápita de Alemania fue de 40.070 euros (173.554.293 pesos), mientras que el de Colombia fue de 19.903.493 pesos (4595,29 euros).
¿Cómo podemos ser una nación próspera si limitamos la producción de riquezas? ¿Se puede redistribuir una riqueza que no se genera? ¡Nos hemos acostumbrado a redistribuir pobreza en lugar de riquezas! Las riquezas se producen en los mercados y son éstos los que financian el gasto público de los gobiernos; en consecuencia, si queremos imitar el milagro económico alemán, entonces es necesario que existan tantos mercados como sean posibles, mientras limitamos el tamaño del estado solo a lo necesario.