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domingo, 18 de abril de 2021

GLOBALIZACIÓN, MERCADOS Y ESTADOS

Inicio mi opinión de hoy apelando una vez más a la Real Academia Española que en el Diccionario de la Lengua Española dice que los «negacionistas» son partidarios de la «Actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes»; un ejemplo claro de negacionismo es el de considerar que la «globalización» es solo una ideología y no una realidad mundial que la RAE, en materia económica, define como «Proceso por el que las economías y mercados, con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, adquieren una dimensión mundial, de modo que dependen cada vez más de los mercados externos y menos de la acción reguladora de los Gobiernos».

Las tecnologías de la información y las comunicaciones han facilitado lo que se ha denominado la Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0 y el desarrollo de la globalización, por lo que en la actualidad un individuo puede comprar un producto ofrecido por un agente económico asentado en territorio estadounidense, chino o de cualquier otra nacionalidad y en menos de una semana podría estar recibiéndolo en su hogar o en sitio de trabajo ¡Esto es real, no es solo un ideal!

La filósofa rusa Alisa Zinóvievna Rosenbaum, conocida por su seudónimo de Ayn Rand, advirtió que «Puedes ignorar la realidad, pero no puedes ignorar las consecuencias de ignorar la realidad» y por ello quienes ignoran o niegan la realidad de la globalización deben enfrentarse a las consecuencias que ello conlleva. Los gobernantes de los estados, por ejemplo, pueden seguir aplazando la actualización de sus legislaciones para adaptarse a la realidad de los mercados o pueden seguir esperando, de manera inútil, que los mercados se adapten a sus pretensiones, pero lo único cierto es que condenarán a sus gobernados a sufrir las consecuencias que en materia económica se deriven, pues los mercados seguirán obedeciendo a las leyes que los rigen teniendo en cuenta que los seres humanos seguiremos satisfaciendo nuestras necesidades de acuerdo con las soluciones que en los diferentes mercados se nos ofrecen.

Esta semana el administrador de empresas y escritor René Burgos manifestó que «El registro Invima de mi arequipe me vale 7 millones, el del yogurt 7 millones y el de la leche condensada 7 millones, 21 millones solo para poder tener licencia para vender y todavía no he comprado la marmita» ¿Cómo puede competir un joven emprendedor como éste frente a empresarios de otras naciones que no tienen que pagar esa cantidad de dinero para obtener el registro que les permite comercializar sus productos? Para justificar que hacen algo, los legisladores proponen y aprueban leyes innecesarias para producir y comercializar no solo la leche y sus derivados, sino también la panela, los combustibles como la gasolina, el servicio de transporte y toda actividad económica, por lo cual siguen teniendo vigencia las palabras del expresidente de Estados Unidos Ronald Wilson Reagan cuando dijo «La visión del Gobierno sobre la economía se podría resumir en unas pocas frases cortas: si se mueve, ponle impuestos; si se sigue moviendo, regúlalo. Y si deja de moverse, subsídialo».

El exceso de reglamentaciones en Colombia, que está muy ligado al tamaño del estado, ha hecho que nuestra población no produzca la riqueza que puede generar, pero los gobernantes sí se creen con el derecho de redistribuir la poca riqueza que permiten que la población produzca y por ello se les ha convertido en un hábito tramitar reformas tributarias para aumentar no solo las tasas de tributación, sino también el número de individuos que deben contribuir de forma impositiva a la financiación del gasto público; por lo anterior, yo considero que el mejor apoyo estatal que podrían recibir los emprendedores colombianos es que el estado les quite la carga tributaria y los trámites que impiden que el sector privado sea más productivo.

Lo mismo sucede en todos sectores de la producción como, por ejemplo, el del transporte en el que a las empresas formales el estado les ordena el cumplimiento de las normas que además de la tramitología burocrática exige el pago de ciertos permisos para que sus vehículos puedan transitar y ofrecer un servicio de tanta importancia para la movilidad de la población; esos costos gubernamentales las empresas deben incluirlos en los precios que deben pagar los usuarios; no obstante, los mercados que obedecen a las leyes de la oferta y la demanda y no a las legislaciones de los estados, debido también a las tecnologías de la información y las comunicaciones y a la globalización permiten que, a través de aplicaciones de dispositivos móviles, se ofrezcan servicios de transporte a menor precio y en algunos casos más seguros y de mejor calidad que el de las empresas que decidieron formalizarse, lo cual pone en desventaja a quienes quieren cumplir con la imposición gubernamental y a pesar de que la Superintendencia de Industria y Comercio SIC, en nombre del estado, ejerza coerción ordenándole a uno de los agentes económicos informales la cesación de la prestación del servicio de transporte de pasajeros, mientras exista demanda por parte de los usuarios también existirá un mercado negro en el que se ofrezca un servicio a través de otras aplicaciones, pues como dijo el exprimer ministro británico Winston Leonard Spencer Churchill «Si destruyes un mercado libre creas un mercado negro, si creas diez mil regulaciones destruyes todo el respeto por la ley».

Por lo anterior es que yo opino que el tamaño del estado y el exceso de regulaciones que redundan en el intervencionismo gubernamental en los asuntos económicos de la nación genera un desequilibrio a favor de unos y en contra de otros agentes económicos ante el cual los mismos mercados reaccionan para equilibrar la ecuación, como lo he sostenido con anterioridad ¡Así funciona el mundo real que algunos prefieren negar!

domingo, 22 de noviembre de 2020

QUIEN TIENE EL CONOCIMIENTO, TIENE EL PODER

Desde mi pubertad aprendí que las críticas deben tomarse con beneficio de inventario, pues cuando alguien te critica existen dos alternativas posibles: que tenga razón o que no la tenga. Lo que tú haces con la alternativa verdadera es lo importante, la falsa no tiene la menor relevancia a menos que tú decidas dársela. En ese orden de ideas, estaba recordando que una vez, conversando con mi mejor amiga, ella me dijo que su papá le había comentado lo siguiente acerca de mí: «Ese amigo tuyo es muy inteligente para los estudios, pero muy bruto para la vida». No he sabido la razón que tuvo ese señor para hacer esa afirmación, pero decidí «mirar para adentro» con la finalidad de analizar si sus palabras eran verdaderas o falsas. Para mi sorpresa, descubrí que él tenía la razón, pero ¿Qué haría con aquella verdad que se me revelaba?.

Pocos años después, cuando cursaba los primeros semestres de Ingeniería de Sistemas, un profesor nos enseñó la diferencia entre los conceptos de dato e información, en esencia concluyó diciendo que el dato es información sin procesar y la información son los datos procesados; por ejemplo, si tomas el número 4, éste es un dato que no te brinda información alguna, podría ser cualquier cosa, pero si sometes ese 4 a un proceso como sacarle la raíz cuadrada o elevarlo a la tercera potencia, podrías afirmar que la raíz cuadrada de 4 es 2 o que 4 elevado a la 3 es 64 y allí estarías obteniendo información que no tenías. Desde sus inicios, los computadores se constituyeron en máquinas para procesar datos y brindarnos información y según el filósofo inglés Thomas Hobbes «quien tiene la información, tiene el poder».

Internet fue pensado como una forma de brindar acceso a la información sin restricciones y sin gobierno. Confieso que una de las cosas más fascinantes para mí fue cuando, hace más de veinte años, me enseñaron que una de las ventajas de la red mundial de información era que no había gobierno en ella. En la actualidad, algunos gobiernos siguen intentando censurar información que circula en la red, pero se han encontrado que sus legislaciones muy pronto quedan en desventaja frente a los avances de las tecnologías de la información y las comunicaciones.

En febrero de 2011 leí que hasta el año 2007 los seres humanos fueron capaces de almacenar 295 exabytes de información que, según quienes hicieron esos cálculos, si toda esa información se almacenara en discos compactos (CD) la pila sobrepasaría la distancia de la tierra a la luna; decían además los investigadores que la capacidad de almacenamiento de información de los computadores se duplicaba cada 18 meses. ¡Imaginen la cantidad de información existente en la actualidad! Por ello, si Hobbes tenía razón, entonces gracias a la red mundial de información, debería existir un gran número de seres humanos empoderados, pero ¿así sucede?.

De acuerdo con la teoría económica los tres factores principales de producción son el capital, el trabajo y la tierra; sin embargo, los modelos económicos han tenido que incluir a la tecnología como cuarto factor que tomó mayor relevancia con la llegada de lo que se ha denominado la Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0. En este orden de ideas, la tecnología es definida como el «conjunto de conocimientos y técnicas que, aplicados de forma lógica y ordenada, permiten a las personas solucionar problemas, modificar su entorno y adaptarse al medio ambiente».

En este punto he llegado al concepto central de mi opinión de hoy: el conocimiento. No citaré alguna conceptualización al respecto, porque me vería obligado a escribir todo un tratado y no solo una corta publicación, ya que a lo largo de la historia muchos autores han expuesto sus pensamientos con relación a este concepto; sin embargo, a lo que sí quiero hacer referencia es a que el insumo fundamental del conocimiento es la información. En la actualidad, gracias a internet, la humanidad tiene más facilidades de acceder a la información y, en consecuencia, puede producir más conocimientos en diferentes disciplinas, por lo que yo reformularía la máxima de Hobbes: «quien tiene el conocimiento, tiene el poder» y quien usa el conocimiento que posee para hacer el bien es considerado sabio, pero quien lo usa para lo malo es un tonto o fatuo, pero de eso hablaré en otra ocasión.

Por lo anterior debemos valorar el consejo de nuestros mayores cuando nos decían «Estudien, porque un lápiz pesa menos que una pala», para hacernos entender que el conocimiento es un factor productivo de mayor importancia que el trabajo, el capital o la tierra; sin embargo, ¿Cómo se puede entender el caso colombiano en el que solo 5 de cada 100 personas no sabe leer ni escribir?; es decir, la gran mayoría de colombianos ha hecho parte del sistema educativo, pero al ser evaluados con estándares internacionales de conocimiento quedamos muy por debajo de las demás naciones. Quizás el profesor de origen ruso Isaak Yúdovich Azímov no se equivocó cuando afirmó que «La autoeducación es, creo firmemente, él único tipo de educación que existe». 

Yo vine a este mundo rodeado de muchas carencias; mis padres se esforzaron en suministrarnos lo necesario para vivir a mis hermanos y a mí; sin embargo, si no hubiera aprendido a vivir como sugerían las palabras del padre de mi mejor amiga, quizás haría parte de la gran masa de seres humanos que a pesar de recibir educación no ha logrado superarse, porque espera que alguien diferente haga algo para sacarle de sus frustraciones individuales. ¡Habría sido un hombre bruto con títulos educativos!, pues los diplomas no me han servido mucho en esta vida, pero los conocimientos que he ido adquiriendo a lo largo de los años sí me han sido de gran provecho.