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domingo, 25 de octubre de 2020

PLURALISTAS ANTIPLURALISTAS

En mi permanente búsqueda del conocimiento y de la verdad he dialogado de forma profusa con individuos que piensan diferente a mí, de diversas profesiones y ocupaciones, de diferente color de piel, edad, sexo, orientación sexual, con creencias disímiles o incrédulos, lo cual me ha facilitado entender la cosmovisión de otros y poner en práctica una de las enseñanzas de quien fuera venerable maestro de la respetable logia José Hilario López número 20 de la masonería y hoy pastor cristiano, el reverendo Darío Silva Silva: «Entre cristianos, unidad en la variedad. Con católicos y ortodoxos, convivencia en la diferencia. Frente a los demás sistemas, tolerancia en la distancia».

Durante algún tiempo de mi adolescencia me consideré ateo, pero no de aquellos que estaban tratando de convencer a los creyentes de que su Dios no existía, sino del que denomino el verdadero ateísmo que no tiene necesidad de creer en un ser superior, solo eso; por lo anterior, en mi búsqueda del conocimiento y de la verdad he dialogado muchas veces y en tonos diferentes con ateos y agnósticos. Les confieso que aprendí bastante de muchos de ellos, pues al igual que el apóstol Tomás lo único que demandan es evidencia que les permita alcanzar una fe razonable y no una fe dogmática; sin embargo, dentro de la comunidad atea también hay dogmáticos.

Cuando la comunidad musulmana abrió su primera mezquita en Colombia una persona atea me escribió alarmada proponiéndome que nos pusiéramos de acuerdo con la finalidad de impedir que el islam se predicara en nuestra nación. Le respondí que yo no haría algo semejante, ya que no le temo al debate o la exposición del pensamiento, de las creencias o de las opiniones. ¡Bienvenida la diversidad!. Los demás lo que debemos hacer es exponer lo que creemos en lugar de censurar a quienes son diferentes.

Por lo anterior, me dolió ver la imagen chilena en la que se observa a algunos individuos celebrando que dos templos católicos se consumieran en llamas. Lo paradójico de la conducta de estas personas es que se autodenominan pluralistas, pero usan discursos en contra de la desigualdad y exacerban los ánimos de aquellos que debido al pluralismo han obtenido resultados menos aventajados como miembros de una sociedad; otros aprovechados solo ven la oportunidad de despojar a los demás de aquello que les ha costado esfuerzos adquirir. Unos y otros no tienen impedimento moral para apoyar tiranos que intenten hacernos iguales mediante la opresión, ignorando que aquello que nos hace diferentes es lo que permite que quienes se destaquen en una sociedad sean los que no son iguales a los demás individuos. La consecuencia obvia es que no todos obtengamos los mismos resultados que han logrado los Elon Musk, los Jack Ma, los Bill Gates, los Steve Jobs, los Mark Zuckerberg, los García Márquez, las Shakira, los Carlos Vives, los Diomedes Díaz, los James, los Falcao, los Messi, los Cristiano Ronaldo, entre muchos otros que a lo largo de la historia de la humanidad hicieron notable su paso por este planeta y que además hicieron posible que hoy la humanidad esté en mejores condiciones sociales y económicas que las vividas por nuestros antepasados.

Para hacernos iguales, los regímenes totalitaristas deben coartar las libertades de cada individuo, ya que la libertad y la igualdad son dos conceptos que se excluyen entre sí; por eso no es extraño que los tiranos que quieren igualarnos mediante el uso de la violencia impidan la libertad de expresión, la libertad de cultos y de conciencia, la libertad de conformar empresas, la libertad de comerciar con los demás seres humanos a nivel nacional o internacional, entre otras.

Ojalá que aquellos «pluralistas antipluralistas» colombianos no quieran seguir copiando la conducta intolerante de sus pares internacionales, como lo han hecho con otras prácticas irracionales que solo pueden justificar con sus discursos en contra de la desigualdad natural de los individuos y de los resultados obtenidos por cada uno.

domingo, 18 de octubre de 2020

FALSOS POBRES, «POBRES VIEJECITAS»

Parece ser que la mentalidad de muchos colombianos sigue siendo la misma del siglo XIX cuando el escritor e intelectual José Rafael de Pombo y Rebolledo compuso su reconocido cuento «La pobre viejecita». Durante el siglo XIX se dieron en Colombia importantes hitos históricos que deberían haber influenciado una enorme transformación en la mentalidad de los individuos de nuestra nación: La independencia del imperio español, las guerras civiles, la constitución política, la abolición de la esclavitud, el surgimiento del café como primer producto nacional, las grandes migraciones, las epidemias como la del cólera o la lepra, etc.; sin embargo, en la actualidad siguen existiendo millones de «pobres viejecitas» que a pesar de contar con la capacidad para satisfacer sus necesidades por sí mismos prefieren exigir que los demás, a través del gasto público, subsidien sus comodidades, mientras que quienes de verdad no tienen la capacidad para suplir sus necesidades básicas estarán condenados a que sus generaciones vivan en la pobreza.

En la actualidad, cuando se habla de pobreza, es necesario remitirse al concepto dado por el economista indio Amartya Kumar Sen, quien fue galardonado por la Real Academia de Ciencias de Suecia con el Premio Nobel de Economía en el año 1998 «por haber devuelto una dimensión ética al debate sobre problemas económicos vitales»; el profesor Sen definió la pobreza como «la privación de capacidades básicas y no sólo como una renta baja» y además dijo que «El análisis de la pobreza debe estar enfocado en las posibilidades que tiene un individuo de funcionar, más que en los resultados que obtiene de ese funcionamiento».

Contrario a este concepto, he escuchado y he leído a congresistas colombianos que afirman ser pobres, también he sabido de magistrados y de servidores públicos con sueldos millonarios que se niegan a aceptar la reducción de sus ingresos con el argumento de que eso afectaría su «mínimo vital», mientras que millones de colombianos se encuentran debajo de la línea de pobreza y de la miseria; lo hacen sin sonrojarse publicando al mismo tiempo altilocuentes discursos en contra de la desigualdad.

Con fundamento en esta triste realidad he venido insistiendo (y lo seguiré haciendo) en que la función pública debería enfocarse en la atención prioritaria del segmento poblacional más vulnerable y que el resto de colombianos deberíamos tener las garantías y gozar de las libertades plenas para obtener ingresos a través de la oferta libre de bienes y servicios, sin las restricciones o limitaciones que se desprenden de un desmedido tamaño estatal. El gran lastre que tenemos los colombianos para escalar con mayor facilidad la pirámide de Maslow es el tamaño del estado, como lo he descrito en semanas anteriores.

Asimismo, la mentalidad egoísta e inmoral de quienes instrumentalizan a los pobres para exigir toda clase de subsidios estatales lleva a muchos individuos a culpar solo a los políticos corruptos de que los pobres sigan siendo pobres, pero ellos no están dispuestos a reconocer que su conducta corrupta también los hace responsables de que los más vulnerables no puedan superar su estado de pobreza; ellos prefieren utilizar el discurso del igualitarismo para sembrar odios y resentimientos que no pueden ayudar a los pobres a superar su pobreza, sino que hace que las mayorías sean igualadas en la miseria, ignorando que «Los seres humanos somos fundamentalmente diversos» como lo dijo el profesor Amartya Sen.

El pluralismo es necesario para que todos los individuos de una sociedad puedan satisfacer sus necesidades; así lo demostró Platón en los diálogos de «La República» y siglos más tarde lo hizo Adam Smith en «La Riqueza de las Naciones»: «El hombre, en cambio, está casi permanentemente necesitado de la ayuda de sus semejantes, y le resultará inútil esperarla exclusivamente de su benevolencia. Es más probable que la consiga si puede dirigir en su favor el propio interés de los demás, y mostrarles que el actuar según él demanda redundará en beneficio de ellos. Esto es lo que propone cualquiera que ofrece a otro un trato. Todo trato es: dame esto que deseo y obtendrás esto otro que deseas tú; y de esta manera conseguimos mutuamente la mayor parte de los bienes que necesitamos. No es la benevolencia del carnicero, el cervecero, o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino el cuidado que ponen ellos en su propio beneficio. No nos dirigimos a su humanidad sino a su propio interés, y jamás les hablamos de nuestras necesidades sino de sus ventajas. Sólo un mendigo escoge depender básicamente de la benevolencia de sus conciudadanos. Y ni siquiera un mendigo depende de ella por completo. Es verdad que la caridad de las personas de buena voluntad le suministra todo el fondo con el que subsiste. Pero aunque este principio le provee en última instancia de todas sus necesidades, no lo hace ni puede hacerlo en la medida en que dichas necesidades aparecen. La mayor parte de sus necesidades ocasionales serán satisfechas del mismo modo que las de las demás personas, mediante trato, trueque y compra. Con el dinero que recibe de un hombre compra comida. La ropa vieja que le entrega otro sirve para que la cambie por otra ropa vieja que le sienta mejor, o por albergue, o comida, o dinero con el que puede comprar la comida, la ropa o el cobijo que necesita».

En mi concepto, la mentalidad caudillista colombiana le da un inmerecido protagonismo a los políticos, como si ellos fueran seres omnipotentes que pueden resolver todos los problemas de una sociedad. ¡No existe algo más apartado de la realidad!. Todo individuo está facultado de las potencialidades para satisfacer sus propias necesidades y resolver sus problemas por sí mismo. En concordancia con esta idea, el escritor argentino Jorge Francisco Isidoro Luis Borges dijo que «Desearía un Estado mínimo. He vivido en Suiza cinco años y allí nadie sabe como se llama el presidente. Yo propondría que los políticos no fueran personajes públicos»; no obstante, las «pobres viejecitas» colombianas prefieren que los políticos conserven sus «superpoderes» y que el tamaño del estado se mantenga o siga creciendo, porque si se llegara a reducir los falsos pobres perderían los privilegios que tienen ahora, como las subvenciones en salud, educación, servicios públicos domiciliarios, a las pensiones, acceso a la justicia, a la seguridad, entre otras ayudas que salen del bolsillo de todos los que tributamos. ¡Lo último que les importa a esos hipócritas son los verdaderos pobres que sí necesitan que el estado satisfaga sus necesidades mínimas, mientras les permite superar la pobreza!.

Los verdaderos pobres colombianos quisieran deleitarse en la pobreza de aquellos falsos pobres y unirse, como yo, al deseo de Rafael Pombo cuando exclamó: «Duerma en paz, y Dios permita que logremos disfrutar las pobrezas de esa pobre y morir del mismo mal».

domingo, 4 de octubre de 2020

EL MÉTODO SOCRÁTICO

En el año 1995 el Ministerio de Educación Nacional me otorgó la Distinción Andrés Bello por mis resultados en las Pruebas de Estado del ICFES (hoy denominadas Pruebas Saber 11). En esa ocasión obtuve 73 puntos sobre 80 posibles en conocimientos de matemáticas. Ese resultado fue consecuencia de años de dedicación al estudio de la hermosa «
ciencia de los números» que me facilitó adquirir conocimientos matemáticos de gran utilidad para el desempeño de diferentes actividades a lo largo de lo que ha sido mi vida hasta ahora y para comprender otras disciplinas del conocimiento humano; además de los conocimientos de matemáticas, otra de las disciplinas que me apasiona es «la madre de todas las ciencias», considerada así porque a partir de ella surgieron diferentes ciencias, incluidas las matemáticas.

La filosofía permitió también que se desarrollaran diversos métodos para la producción de conocimiento en las diferentes ciencias. El método científico es uno de ellos; sin embargo, de todos los métodos de pensamiento mi favorito es el método socrático, conocido como mayéutica, que por sus raíces etimológicas se relaciona con la partería o con la «técnica de asistir en los partos»; se cree que Sócrates desarrolló este método porque su madre era partera. La mayéutica consiste en la utilización del diálogo, la dialéctica o demostración lógica para que los interlocutores descubran por sí mismos las ideas o los conceptos que se encuentran escondidos detrás de los datos, la información o los conocimientos que se han obtenido con anterioridad. ¡La mayéutica es útil para la autoformación!

Cuando inicié la lectura y el estudio de la Biblia aprendí el método inductivo que usa preguntas básicas para comprender cualquier texto: ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué? ¡El método QQCCDP! Este método tiene mucha relación con el método socrático, con la diferencia de que la mayéutica se puede aplicar en diferentes ambientes de aprendizaje y no solo en la interpretación de textos. Eso me ha ayudado a poner en práctica que «más vale un cuestionamiento pendejo, que un pendejo que no cuestiona».

El alumno más aventajado de Sócrates fue Platón, quien mediante algunas de sus obras quiso mostrarnos los diálogos que su maestro sostenía con tertulianos de la época. Al leer esos diálogos no sorprende encontrar que muchos de los interlocutores de Sócrates se sentían intimidados, menospreciados, ofendidos, entre otras emociones que les impedían tener la claridad de lo que buscaba el pensador griego al motivarlos a buscar las respuestas por sí mismos. Jesucristo provocaba reacciones similares en sus interlocutores cuando cuestionaba sus pensamientos, emociones, conducta o creencias.

Solo un individuo que pone en práctica la mayéutica puede comprender la importancia del pensamiento socrático en la búsqueda del conocimiento y de la verdad y, por lo tanto, puede entender lo que quiso decir el filósofo con sus famosas palabras «Solo sé que nada sé» o «Conócete a ti mismo», entre otras que hacen parte de su legado, así como también puede sumergirse en las profundidades de las palabras del Maestro de maestros cuando sentenció que «conocerán la verdad, y la verdad los hará libres».

domingo, 27 de septiembre de 2020

¿PROGRESISMO?

 

Quienes desconocen o ignoran los importantes avances que en materia económica se han dado en los últimos dos siglos para reducir la pobreza en las diferentes naciones del planeta solo enfocan su análisis a la esfera del poder político de los estados, asumiendo que si el caudillo de su preferencia no está gobernando, entonces los países están mal gobernados y, por consiguiente, deben cambiarse todos los modelos (incluyendo el económico), aunque eso conlleve a dar un salto al vacío tan arriesgado que haga que en lugar de que continúe el progreso y el desarrollo humano, como hasta ahora se ha dado en diferentes partes del mundo, se retroceda en la lucha contra la pobreza y por eso, en mi opinión, no es adecuado llamar «progresismo» a las políticas públicas que solo multiplican la pobreza de las naciones en las que se han experimentado; mi propuesta es que se les llame como lo que son: «retrasismo».

Algunos de mis contradictores se han superado gracias al limitado modelo capitalista que tanto critican y sueñan con que nuestra nación implemente aquellas políticas públicas que han demostrado tener un efecto contrario a la ilusión colectiva con la que deslumbran a quienes llenan de falsas expectativas por superar las condiciones deficientes que enfrentan a diario. ¡Sus líderes son unos expertos vendedores de humo!

Como es natural en el ser humano, dentro del conglomerado conformado por quienes quieren implementar el retrasismo también hay individuos que no están pensando en los más pobres, sino en sus intereses particulares, para que sin hacer mayor esfuerzo el estado siga brindándoles beneficios a los cuales no podrían acceder si el gasto estatal se dedicara solo a atender a los más vulnerables.

Debido a sus fracasos, el retrasismo no solo ha cambiado de nombre en múltiples ocasiones, sino también de discurso; por ejemplo, ahora para hacerse más atractivo a todas las esferas sociales los promotores del retrasismo apelan a los «derechos universales», como en el caso de la discusión sobre la renta básica en la que no aceptan que ésta focalice solo a los pobres, sino que sea universal, asimismo han hecho con la propuesta de educación gratuita y universal, salud universal y otra serie de propuestas universales, que parecen sacadas del sombrero de un ilusionista y que lo único que persiguen es el aumento del gasto público, que trae como consecuencia el aumento del poder de quienes hacen parte de las ramas del poder público en detrimento de las libertades individuales de quienes tendrían la obligación de trabajar y producir las riquezas para sostener el exorbitante gasto que ellos administrarían.

Como he venido señalando en mis opiniones anteriores, Colombia tiene un alto gasto estatal que no tiene consideración con el producto interno bruto de nuestra nación; por lo cual, en mi opinión, seguir aumentándolo no es solo una condena para que los pobres sigan siendo pobres, sino para que muchos de los compatriotas que han superado la pobreza con mucho esfuerzo vuelvan a ser pobres y otros sean empobrecidos.

Otro de los temas de los cuales he escrito es sobre aquellos individuos que se creen pobres sin serlo; éstos exigen que el estado les subsidie ciertos gastos que ellos están en la capacidad de satisfacer por cuenta propia, quitándole la oportunidad a alguien que de verdad necesita ser subvencionado por el estado. Un claro ejemplo de esto es que de los más de 40 billones de pesos que el Presupuesto General de la Nación destina para el pago de pensiones, se subsidia el 50,8% de las pensiones que corresponde a la quinta parte de la población con más altos ingresos, mientras que el quintil de más bajos ingresos apenas recibe el 4,3% de esos recursos públicos; el 74,1% de las pensiones públicas se queda en los dos quintiles que tienen grandes pensiones y que reciben el 39% de la subvención estatal total a través de diferentes subsidios; ¿no son los congresistas, magistrados, ministros, etc. quienes hacen parte de estos dos quintiles? ¡Solo se puede protestar para defender el régimen de prima media (Colpensiones) guiado por la ignorancia o haciendo parte de esos dos quintiles superiores!

Así podría hacer el análisis de los subsidios educativos, de salud, de servicios públicos, de vivienda, entre otros, para llegar a la misma conclusión de que esos recursos públicos en su mayoría no son invertidos con eficacia y eficiencia en la población pobre, sino que se reparte entre los politiqueros que hacen parte de las ramas del poder público. ¡Los que menos tienen subsidian a los que más tienen!

Por todo lo expuesto es que estoy de acuerdo en que «El mejor programa social del mundo es un empleo» como lo dijo el expresidente de los Estados Unidos Ronald Wilson Reagan y la generación de empleo no vendrá de parte de los políticos sino de todos aquellos que a diario nos despertamos con las ganas de progresar, de aportar, de emprender, de producir y de generar ingresos, por lo cual lo único que pedimos es que nos garanticen las libertades para poderlo hacer.

domingo, 20 de septiembre de 2020

AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR

La doctrina cristiana expresa que «Jesús les dijo: — Pues den al emperador lo que es del emperador, y a Dios lo que es de Dios» (Lucas 20:25); sin embargo, los críticos de estas enseñanzas reniegan sobre lo que los discípulos de Cristo hacen con su dinero cuando de forma libre deciden dar sus diezmos u ofrendas a una iglesia o a un ministro; es decir, critican la solidaridad y la generosidad cristiana que ellos no practican solo porque su retorcido pensamiento los lleva a suponer que los únicos beneficiarios de esos recursos son los pastores, ignorando que la doctrina cristiana también previó que «De igual manera, el Señor ha dispuesto que quienes anuncian el evangelio vivan de ello mismo» (1 Corintios 9:14).

Me refiero a los valores de la solidaridad y de la generosidad que escasean en el mundo actual, porque éstos son los que en mi opinión deben tenerse en cuenta a la hora de compartir aquellos ingresos que la Divina Providencia nos permite obtener como fruto de nuestras actividades laborales; estos valores morales aplican para los diezmos y ofrendas, pero también para los tributos que recaudan los estados; sin embargo, el egoísmo conduce a muchos a darle la espalda a su prójimo cuando más lo necesita y también a defraudar a los estados mediante la evasión o la elusión de lo que les correspondería compartir con los menos necesitados, justificando su egoísmo en que muchos de esos recursos terminan en los bolsillos de los corruptos; es decir, que de la misma forma como algunos «ministros cristianos» malgastan lo que generosamente dan los discípulos de Cristo, así también muchos «servidores públicos» se adueñan de lo que debería usarse para subvencionar las necesidades de los más pobres, pero esa no una excusa válida para no compartir una parte de lo que hemos recibido.

El gasto público del estado colombiano con relación a su producto interno bruto es uno de los más altos del mundo; dicho gasto supera al de Estados Unidos que es una de las naciones que más riqueza produce anualmente y también es mayor que el gasto a nivel mundial; a pesar de esta realidad existe un gran descontento social que exige del estado más inversión y, por lo tanto, mayor gasto, pero poco es lo que se hace para estimular la producción, por lo cual quienes observamos con claridad esto no dudamos en afirmar que si la riqueza no se produce, entonces no tendremos algo que redistribuir. Estimular la producción no es algo que beneficie solo a los ricos, sino que beneficia a todos los que producimos bienes o servicios para satisfacer las necesidades de quienes tienen el poder adquisitivo para pagarnos por ellos.
En las calles vemos a personas que tienen la capacidad para suplir sus necesidades básicas por su propia cuenta esgrimiendo la idea de que están exigiendo sus derechos, pero solo exigen para satisfacer sus intereses personales o el de los colectivos de los cuales hacen parte, pero no protestan para que el estado aplique los principios de eficacia y eficiencia para atender a quienes de verdad son pobres, que es lo que se busca con la práctica de la generosidad y la solidaridad: ¡Compartir con el que no tiene!

¿A quién no le gustaría recibir todos los meses una renta básica de parte del gobierno? El egoísmo solo nos lleva a pensar en nosotros y en nuestros familiares, pero lo cierto es que los únicos que deberían recibir esa subvención estatal son las personas que se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Si esto se hiciera, entonces el gasto público colombiano no debería ser tan alto, las instituciones del estado serían más eficaces y eficientes, las tasas de tributación no serían de las más altas del mundo, el costo de vida sería menor y seríamos una nación desarrollada y no en vía de desarrollo, por lo que le concedo razón al filósofo de la administración Peter Ferdinand Drucker cuando dijo que «No hay países subdesarrollados, sino mal administrados».

No puedo finalizar mi opinión de hoy sin decir que existen principios y valores morales superiores que puestos en práctica por los individuos que conforman una sociedad harían de éste un mundo mejor; por lo cual, ya seas cristiano o no, quiero hacerte la invitación para que sigas la enseñanza de Aquél que nos dio ejemplo con su propia vida: «Siempre les he enseñado que así se debe trabajar y ayudar a los que están en necesidad, recordando aquellas palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir”» (Hechos 20:35).

domingo, 13 de septiembre de 2020

HACER ALGO EN CONTRA DE LA CONCIENCIA NO ES SEGURO NI SALUDABLE


El Artículo 18 de la Constitución Política de Colombia dice que «Se garantiza la libertad de conciencia. Nadie será molestado por razón de sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar contra su conciencia», por lo que la Corte Constitucional, con fundamento en el mandato de la Carta Magna, determinó en la sentencia T-409 de 1992 que la libertad de conciencia consiste en «la facultad que tiene una persona para actuar en determinado sentido, o para abstenerse de hacerlo, se ve determinada en grado sumo por sus convicciones, por su propia ideología, por su manera de concebir el mundo»; en ese mismo sentido, la misma Corte define la libertad de conciencia como «la inmunidad de toda fuerza externa que obligue a actuar contra las propias convicciones y que impida la realización de aquellas acciones que la conciencia ordena sin estorbo o impedimento» (sentencia T-547 de 1993); también considera la Corte que la libertad de conciencia es un derecho fundamental de aplicación inmediata que «tiene toda persona para actuar en consideración a sus propios parámetros de conducta, sin que pueda imponérsele actuaciones que estén en contra de su razón» (providencia T-332 de 2004), de lo cual queda claro que las expresiones «toda fuerza externa» y «sin que pueda imponérsele actuaciones» incluyen todo tipo de coerción ya sea estatal o de otro tipo.

En la Sentencia SU108 de 2016 la Corte expresó que el derecho a la libertad de conciencia tiene tres prerrogativas: «(i) nadie podrá ser objeto ni de acoso ni de persecución en razón de sus convicciones o creencias; (ii) ninguna persona estará obligada a revelar sus convicciones y (iii) nadie será obligado a actuar contra su conciencia», además de que «Es de esta última prerrogativa que nace el derecho fundamental a la objeción de conciencia» y añadió «que la garantía de la objeción de conciencia, esto es, el derecho que tiene toda persona a no ser obligado a actuar en contra de sus convicciones, descansa en el respeto, en la coexistencia de las creencias morales de cada quien y se funda en la idea de la libertad humana como principio fundamental de la ética contemporánea. En estos términos, se concibe al hombre como sujeto moral, capaz de emitir un juicio sobre un determinado comportamiento. Por ello, la libertad de conciencia incluye la facultad de emitir juicios morales internos y de actuar conforme a ellos».

Con relación a la libertad y a la objeción de conciencia, la semana pasada escaló hasta los medios de comunicación, incluidas las redes sociales, la decisión del Juez Ramiro Eliseo Flórez Torres del Juzgado Décimo Civil Municipal de Cartagena en el sentido de acogerse a las directrices dadas por la Procuraduría General de la Nación mediante la Circular 013 del 7 de junio de 2013, en la que se le recomienda a los jueces y a los notarios colombianos «si estiman que al formalizar y solemnizar las uniones de personas del mismo sexo…, violentan su conciencia en alguna forma, ejerzan el derecho fundamental de la objeción de la conciencia» y en el mismo sentido también exhorta «a las autoridades públicas para que respeten el ejercicio de este derecho fundamental».

Ahora bien, a las ciudadanas que acudieron ante el Despacho del Juez Flórez Torres a solicitar la celebración del vínculo contractual solemne entre parejas del mismo, que la normativa colombiana no denomina matrimonio, no se les vulneró algún derecho ya que ellas pueden acudir ante otro juez de la república o notario para celebrar dicho contrato; sin embargo, un inconsistente Senador de la República anunció que «este juez es un peligro y personalmente lo voy a denunciar por prevaricato», pero yo le pregunto a mis lectores lo siguiente: ¿Es más peligroso para la sociedad un politiquero corrupto de esos que abundan en el Congreso de la República o un servidor público con valores y principios éticos que escasean en las diferentes ramas del poder colombiano?.

Lo que le ha molestado tanto a quienes pretenden imponer sus ideologías mediante la coerción estatal a los individuos libres es que el Honorable Juez haya consignado en su decisión que «cuando exista conflicto entre lo que diga la ley humana y lo que dice la ley de Dios, yo prefiero la ley de Dios, porque prefiero agradar a mi señor Dios Todopoderoso antes que al ser humano», aclarando además que «No es discriminación, es comprensión de las normas que nos rigen. Hay que conocer a Dios para saber la dimensión del juramento que se hace al momento de la posesión como servidor público y todo esto se logra por el conocimiento de la Palabra de Dios, la Biblia», apelando al juramento solemne que hizo ante Dios y la Patria al momento de posesionarse como Juez de la República.

Este episodio me hizo recordar que hace cinco siglos en el mes de abril del año 1521 se llevó a cabo en Worms, Alemania, una Dieta Imperial en la que el reformador Martín Lutero tuvo que encarar al poder que representaba el caudillismo religioso del papado de Giovanni di Lorenzo de Medici (León X) y el caudillismo político del emperador Carlos de Habsburgo (Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico). Lutero fue convocado con la finalidad de que se retractara de sus enseñanzas, sus pensamientos y sus convicciones; pero obligado a comparecer en dos ocasiones ante el emperador respondió en los siguientes términos:

«Si no se me convence mediante testimonios de la Escritura y claros argumentos de la razón – porque no le creo ni al papa ni a los concilios ya que está demostrado que a menudo han errado, contradiciéndose a si mismos –, por los textos de la Sagrada Escritura que he citado, estoy sometido a mi conciencia y ligado a la palabra de Dios. Por eso no puedo ni quiero retractarme de nada, porque hacer algo en contra de la conciencia no es seguro ni saludable. ¡Dios me ayude, amén!»

Ante la negativa de Lutero de actuar en contra de su conciencia, el emperador mediante el Edicto de Worms decretó que cualquiera podía matarlo, pero este edicto llamó tanto la atención de los librepensadores de la época que analizaron lo sucedido, lo cual sumado a la traducción que Lutero hizo del Nuevo Testamento al idioma alemán para que todo individuo pudiera acceder de forma libre a las enseñanzas cristianas, provocó que Alemania se convirtiera en una gran nación, poniendo fin al oscurantismo de la Edad Media y encendiendo la chispa de la iluminación que durante los siglos XVII y XVIII dio origen a la Ilustración y a los movimientos revolucionarios emancipadores en diferentes lugares del planeta.

De esta forma quedó claro que los regímenes totalitaristas se oponen a los librepensadores y frente a la imposibilidad de refutar sus argumentos su única opción es eliminarlos y rehuirle al debate de ideas como lo ha hecho el caudillismo religioso durante los últimos cinco siglos, amparados en argumentos de autoridad que no tienen ninguna validez cuando se busca la verdad, el conocimiento informado y la razón.
En ese orden de ideas, lo que es bueno o lo que es correcto, no lo es porque lo diga la Biblia, la Constitución Política, la Corte Constitucional, la Procuraduría General de la Nación, un Juez de la República o este humilde servidor, sino porque así lo dicta un principio superior universal y no lo que muchos pensadores han denominado «relativismo ético» o «relativismo moral» que hoy predomina en las diferentes esferas de las sociedades dando paso a lo que yo he denominado «multimoralidad», que conduce a los individuos a actuar y a pensar de una forma frente a un hecho y a hacerlo de forma diferente frente a otro similar, aunque quede en evidencia su inconsistencia de pensamiento.

domingo, 6 de septiembre de 2020

TRANSTORNADORES DEL MUNDO


A Ralph Waldo Emerson (escritor, filósofo y poeta estadounidense del siglo XIX) se le atribuye la frase «Lo que haces habla tan alto que no puedo oír lo que dices»; no es extraño que Emerson pensara de esa forma, pues había estado bajo la influencia de la doctrina cristiana desde niño, ya que su padre fue pastor unitario y él también ejerció el pastorado durante un corto período de su vida.

La razón por la que siempre tengo un pensamiento, una frase o una máxima sobre algún tema en particular es porque desde niño me convertí en un «coleccionista de frases célebres» de pensadores del pasado y del presente, con fundamento en las cuales a veces me sumerjo en las profundidades de la medicación con el objeto de encontrar respuestas a algunas de las preguntas que formulo en mi búsqueda del conocimiento y de la verdad.

En mis estudios de las frases de esos pensadores y también de sus vidas, he encontrado que la gran mayoría de ellos no se quedaron en sus ideas sino que ejecutaron acciones que repercutieron sobre la humanidad más allá de sus generaciones, lo cual los hizo ser «transtornadores del mundo» y no solo ideólogos de una utopía.

Yo pienso que cuando alguien cree en algo esa persona actúa de acuerdo con lo que cree. Su vida es un reflejo de su pensamiento. También pienso que esa fue la razón por la que el Gran Maestro nos enseñó que «cada árbol se conoce por su fruto»; si los frutos nos permiten distinguir a un árbol de otro, así también la conducta o el comportamiento de un ser humano nos ayuda a conocer lo que de verdad cree esa persona. «Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» viven de tal forma que influyen sobre el destino de la humanidad y no se quedan solo en las palabras.

«Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» no se quedan solo en la queja permanente por la situación de sus naciones, esperando a que otro sea el agente de cambio, pues ellos no tienen mentalidad de cola, sino de cabeza; no esperan que la transformación la haga un caudillo, sino que deciden actuar y ser ellos la transformación.

«Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» no se preguntan por lo que la sociedad puede hacer por ellos, sino que a diario madrugan, enfrentan el día a día y se desvelan con una actitud apercibida para aprovechar cada oportunidad que les permita hacer algo por la sociedad, pues ellos son conscientes de que la sociedad no les debe algo por el hecho de haber nacido.

«Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» no se van de este planeta sin antes haber hecho algo para dejarlo mejor de lo que lo encontraron; con ello no solo dejan un legado de transformaciones, sino un ejemplo a seguir para aquellos que también se interesan en transtornar el mundo, ya que entienden que ni el «virus chino» es tan contagioso como el ejemplo.

«Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» no se doblegan ante la injusticia, la adversidad, la persecución o la tiranía, ya que su vida es gobernada por un Paradigma Superior que los guía con unos principios y valores superiores que pocos comprenden o aceptan; ellos entienden con toda claridad que «Al enemigo siempre se lo ve grande, si se lo mira de rodillas» como dijo el libertador argentino José Francisco de San Martín y Matorras.

Muchos de «Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» fallecen sin fama, honra, reconocimientos o agradecimientos de parte de la sociedad por los valiosos aportes que le hacen a la humanidad; algunos de ellos lo que reciben es lo contrario. Pienso que esto sucede porque «Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» no se interesan en alguna de esas banalidades, sino que actúan motivados por un propósito superior que los impulsa a creer que el cumplimiento de lo que les dicta su conciencia es su principal premio o recompensa.

A «Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» quise rendirles un modesto homenaje desde esta tribuna de opinión.