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domingo, 27 de septiembre de 2020

¿PROGRESISMO?

 

Quienes desconocen o ignoran los importantes avances que en materia económica se han dado en los últimos dos siglos para reducir la pobreza en las diferentes naciones del planeta solo enfocan su análisis a la esfera del poder político de los estados, asumiendo que si el caudillo de su preferencia no está gobernando, entonces los países están mal gobernados y, por consiguiente, deben cambiarse todos los modelos (incluyendo el económico), aunque eso conlleve a dar un salto al vacío tan arriesgado que haga que en lugar de que continúe el progreso y el desarrollo humano, como hasta ahora se ha dado en diferentes partes del mundo, se retroceda en la lucha contra la pobreza y por eso, en mi opinión, no es adecuado llamar «progresismo» a las políticas públicas que solo multiplican la pobreza de las naciones en las que se han experimentado; mi propuesta es que se les llame como lo que son: «retrasismo».

Algunos de mis contradictores se han superado gracias al limitado modelo capitalista que tanto critican y sueñan con que nuestra nación implemente aquellas políticas públicas que han demostrado tener un efecto contrario a la ilusión colectiva con la que deslumbran a quienes llenan de falsas expectativas por superar las condiciones deficientes que enfrentan a diario. ¡Sus líderes son unos expertos vendedores de humo!

Como es natural en el ser humano, dentro del conglomerado conformado por quienes quieren implementar el retrasismo también hay individuos que no están pensando en los más pobres, sino en sus intereses particulares, para que sin hacer mayor esfuerzo el estado siga brindándoles beneficios a los cuales no podrían acceder si el gasto estatal se dedicara solo a atender a los más vulnerables.

Debido a sus fracasos, el retrasismo no solo ha cambiado de nombre en múltiples ocasiones, sino también de discurso; por ejemplo, ahora para hacerse más atractivo a todas las esferas sociales los promotores del retrasismo apelan a los «derechos universales», como en el caso de la discusión sobre la renta básica en la que no aceptan que ésta focalice solo a los pobres, sino que sea universal, asimismo han hecho con la propuesta de educación gratuita y universal, salud universal y otra serie de propuestas universales, que parecen sacadas del sombrero de un ilusionista y que lo único que persiguen es el aumento del gasto público, que trae como consecuencia el aumento del poder de quienes hacen parte de las ramas del poder público en detrimento de las libertades individuales de quienes tendrían la obligación de trabajar y producir las riquezas para sostener el exorbitante gasto que ellos administrarían.

Como he venido señalando en mis opiniones anteriores, Colombia tiene un alto gasto estatal que no tiene consideración con el producto interno bruto de nuestra nación; por lo cual, en mi opinión, seguir aumentándolo no es solo una condena para que los pobres sigan siendo pobres, sino para que muchos de los compatriotas que han superado la pobreza con mucho esfuerzo vuelvan a ser pobres y otros sean empobrecidos.

Otro de los temas de los cuales he escrito es sobre aquellos individuos que se creen pobres sin serlo; éstos exigen que el estado les subsidie ciertos gastos que ellos están en la capacidad de satisfacer por cuenta propia, quitándole la oportunidad a alguien que de verdad necesita ser subvencionado por el estado. Un claro ejemplo de esto es que de los más de 40 billones de pesos que el Presupuesto General de la Nación destina para el pago de pensiones, se subsidia el 50,8% de las pensiones que corresponde a la quinta parte de la población con más altos ingresos, mientras que el quintil de más bajos ingresos apenas recibe el 4,3% de esos recursos públicos; el 74,1% de las pensiones públicas se queda en los dos quintiles que tienen grandes pensiones y que reciben el 39% de la subvención estatal total a través de diferentes subsidios; ¿no son los congresistas, magistrados, ministros, etc. quienes hacen parte de estos dos quintiles? ¡Solo se puede protestar para defender el régimen de prima media (Colpensiones) guiado por la ignorancia o haciendo parte de esos dos quintiles superiores!

Así podría hacer el análisis de los subsidios educativos, de salud, de servicios públicos, de vivienda, entre otros, para llegar a la misma conclusión de que esos recursos públicos en su mayoría no son invertidos con eficacia y eficiencia en la población pobre, sino que se reparte entre los politiqueros que hacen parte de las ramas del poder público. ¡Los que menos tienen subsidian a los que más tienen!

Por todo lo expuesto es que estoy de acuerdo en que «El mejor programa social del mundo es un empleo» como lo dijo el expresidente de los Estados Unidos Ronald Wilson Reagan y la generación de empleo no vendrá de parte de los políticos sino de todos aquellos que a diario nos despertamos con las ganas de progresar, de aportar, de emprender, de producir y de generar ingresos, por lo cual lo único que pedimos es que nos garanticen las libertades para poderlo hacer.

domingo, 20 de septiembre de 2020

AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR

La doctrina cristiana expresa que «Jesús les dijo: — Pues den al emperador lo que es del emperador, y a Dios lo que es de Dios» (Lucas 20:25); sin embargo, los críticos de estas enseñanzas reniegan sobre lo que los discípulos de Cristo hacen con su dinero cuando de forma libre deciden dar sus diezmos u ofrendas a una iglesia o a un ministro; es decir, critican la solidaridad y la generosidad cristiana que ellos no practican solo porque su retorcido pensamiento los lleva a suponer que los únicos beneficiarios de esos recursos son los pastores, ignorando que la doctrina cristiana también previó que «De igual manera, el Señor ha dispuesto que quienes anuncian el evangelio vivan de ello mismo» (1 Corintios 9:14).

Me refiero a los valores de la solidaridad y de la generosidad que escasean en el mundo actual, porque éstos son los que en mi opinión deben tenerse en cuenta a la hora de compartir aquellos ingresos que la Divina Providencia nos permite obtener como fruto de nuestras actividades laborales; estos valores morales aplican para los diezmos y ofrendas, pero también para los tributos que recaudan los estados; sin embargo, el egoísmo conduce a muchos a darle la espalda a su prójimo cuando más lo necesita y también a defraudar a los estados mediante la evasión o la elusión de lo que les correspondería compartir con los menos necesitados, justificando su egoísmo en que muchos de esos recursos terminan en los bolsillos de los corruptos; es decir, que de la misma forma como algunos «ministros cristianos» malgastan lo que generosamente dan los discípulos de Cristo, así también muchos «servidores públicos» se adueñan de lo que debería usarse para subvencionar las necesidades de los más pobres, pero esa no una excusa válida para no compartir una parte de lo que hemos recibido.

El gasto público del estado colombiano con relación a su producto interno bruto es uno de los más altos del mundo; dicho gasto supera al de Estados Unidos que es una de las naciones que más riqueza produce anualmente y también es mayor que el gasto a nivel mundial; a pesar de esta realidad existe un gran descontento social que exige del estado más inversión y, por lo tanto, mayor gasto, pero poco es lo que se hace para estimular la producción, por lo cual quienes observamos con claridad esto no dudamos en afirmar que si la riqueza no se produce, entonces no tendremos algo que redistribuir. Estimular la producción no es algo que beneficie solo a los ricos, sino que beneficia a todos los que producimos bienes o servicios para satisfacer las necesidades de quienes tienen el poder adquisitivo para pagarnos por ellos.
En las calles vemos a personas que tienen la capacidad para suplir sus necesidades básicas por su propia cuenta esgrimiendo la idea de que están exigiendo sus derechos, pero solo exigen para satisfacer sus intereses personales o el de los colectivos de los cuales hacen parte, pero no protestan para que el estado aplique los principios de eficacia y eficiencia para atender a quienes de verdad son pobres, que es lo que se busca con la práctica de la generosidad y la solidaridad: ¡Compartir con el que no tiene!

¿A quién no le gustaría recibir todos los meses una renta básica de parte del gobierno? El egoísmo solo nos lleva a pensar en nosotros y en nuestros familiares, pero lo cierto es que los únicos que deberían recibir esa subvención estatal son las personas que se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Si esto se hiciera, entonces el gasto público colombiano no debería ser tan alto, las instituciones del estado serían más eficaces y eficientes, las tasas de tributación no serían de las más altas del mundo, el costo de vida sería menor y seríamos una nación desarrollada y no en vía de desarrollo, por lo que le concedo razón al filósofo de la administración Peter Ferdinand Drucker cuando dijo que «No hay países subdesarrollados, sino mal administrados».

No puedo finalizar mi opinión de hoy sin decir que existen principios y valores morales superiores que puestos en práctica por los individuos que conforman una sociedad harían de éste un mundo mejor; por lo cual, ya seas cristiano o no, quiero hacerte la invitación para que sigas la enseñanza de Aquél que nos dio ejemplo con su propia vida: «Siempre les he enseñado que así se debe trabajar y ayudar a los que están en necesidad, recordando aquellas palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir”» (Hechos 20:35).

domingo, 13 de septiembre de 2020

HACER ALGO EN CONTRA DE LA CONCIENCIA NO ES SEGURO NI SALUDABLE


El Artículo 18 de la Constitución Política de Colombia dice que «Se garantiza la libertad de conciencia. Nadie será molestado por razón de sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar contra su conciencia», por lo que la Corte Constitucional, con fundamento en el mandato de la Carta Magna, determinó en la sentencia T-409 de 1992 que la libertad de conciencia consiste en «la facultad que tiene una persona para actuar en determinado sentido, o para abstenerse de hacerlo, se ve determinada en grado sumo por sus convicciones, por su propia ideología, por su manera de concebir el mundo»; en ese mismo sentido, la misma Corte define la libertad de conciencia como «la inmunidad de toda fuerza externa que obligue a actuar contra las propias convicciones y que impida la realización de aquellas acciones que la conciencia ordena sin estorbo o impedimento» (sentencia T-547 de 1993); también considera la Corte que la libertad de conciencia es un derecho fundamental de aplicación inmediata que «tiene toda persona para actuar en consideración a sus propios parámetros de conducta, sin que pueda imponérsele actuaciones que estén en contra de su razón» (providencia T-332 de 2004), de lo cual queda claro que las expresiones «toda fuerza externa» y «sin que pueda imponérsele actuaciones» incluyen todo tipo de coerción ya sea estatal o de otro tipo.

En la Sentencia SU108 de 2016 la Corte expresó que el derecho a la libertad de conciencia tiene tres prerrogativas: «(i) nadie podrá ser objeto ni de acoso ni de persecución en razón de sus convicciones o creencias; (ii) ninguna persona estará obligada a revelar sus convicciones y (iii) nadie será obligado a actuar contra su conciencia», además de que «Es de esta última prerrogativa que nace el derecho fundamental a la objeción de conciencia» y añadió «que la garantía de la objeción de conciencia, esto es, el derecho que tiene toda persona a no ser obligado a actuar en contra de sus convicciones, descansa en el respeto, en la coexistencia de las creencias morales de cada quien y se funda en la idea de la libertad humana como principio fundamental de la ética contemporánea. En estos términos, se concibe al hombre como sujeto moral, capaz de emitir un juicio sobre un determinado comportamiento. Por ello, la libertad de conciencia incluye la facultad de emitir juicios morales internos y de actuar conforme a ellos».

Con relación a la libertad y a la objeción de conciencia, la semana pasada escaló hasta los medios de comunicación, incluidas las redes sociales, la decisión del Juez Ramiro Eliseo Flórez Torres del Juzgado Décimo Civil Municipal de Cartagena en el sentido de acogerse a las directrices dadas por la Procuraduría General de la Nación mediante la Circular 013 del 7 de junio de 2013, en la que se le recomienda a los jueces y a los notarios colombianos «si estiman que al formalizar y solemnizar las uniones de personas del mismo sexo…, violentan su conciencia en alguna forma, ejerzan el derecho fundamental de la objeción de la conciencia» y en el mismo sentido también exhorta «a las autoridades públicas para que respeten el ejercicio de este derecho fundamental».

Ahora bien, a las ciudadanas que acudieron ante el Despacho del Juez Flórez Torres a solicitar la celebración del vínculo contractual solemne entre parejas del mismo, que la normativa colombiana no denomina matrimonio, no se les vulneró algún derecho ya que ellas pueden acudir ante otro juez de la república o notario para celebrar dicho contrato; sin embargo, un inconsistente Senador de la República anunció que «este juez es un peligro y personalmente lo voy a denunciar por prevaricato», pero yo le pregunto a mis lectores lo siguiente: ¿Es más peligroso para la sociedad un politiquero corrupto de esos que abundan en el Congreso de la República o un servidor público con valores y principios éticos que escasean en las diferentes ramas del poder colombiano?.

Lo que le ha molestado tanto a quienes pretenden imponer sus ideologías mediante la coerción estatal a los individuos libres es que el Honorable Juez haya consignado en su decisión que «cuando exista conflicto entre lo que diga la ley humana y lo que dice la ley de Dios, yo prefiero la ley de Dios, porque prefiero agradar a mi señor Dios Todopoderoso antes que al ser humano», aclarando además que «No es discriminación, es comprensión de las normas que nos rigen. Hay que conocer a Dios para saber la dimensión del juramento que se hace al momento de la posesión como servidor público y todo esto se logra por el conocimiento de la Palabra de Dios, la Biblia», apelando al juramento solemne que hizo ante Dios y la Patria al momento de posesionarse como Juez de la República.

Este episodio me hizo recordar que hace cinco siglos en el mes de abril del año 1521 se llevó a cabo en Worms, Alemania, una Dieta Imperial en la que el reformador Martín Lutero tuvo que encarar al poder que representaba el caudillismo religioso del papado de Giovanni di Lorenzo de Medici (León X) y el caudillismo político del emperador Carlos de Habsburgo (Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico). Lutero fue convocado con la finalidad de que se retractara de sus enseñanzas, sus pensamientos y sus convicciones; pero obligado a comparecer en dos ocasiones ante el emperador respondió en los siguientes términos:

«Si no se me convence mediante testimonios de la Escritura y claros argumentos de la razón – porque no le creo ni al papa ni a los concilios ya que está demostrado que a menudo han errado, contradiciéndose a si mismos –, por los textos de la Sagrada Escritura que he citado, estoy sometido a mi conciencia y ligado a la palabra de Dios. Por eso no puedo ni quiero retractarme de nada, porque hacer algo en contra de la conciencia no es seguro ni saludable. ¡Dios me ayude, amén!»

Ante la negativa de Lutero de actuar en contra de su conciencia, el emperador mediante el Edicto de Worms decretó que cualquiera podía matarlo, pero este edicto llamó tanto la atención de los librepensadores de la época que analizaron lo sucedido, lo cual sumado a la traducción que Lutero hizo del Nuevo Testamento al idioma alemán para que todo individuo pudiera acceder de forma libre a las enseñanzas cristianas, provocó que Alemania se convirtiera en una gran nación, poniendo fin al oscurantismo de la Edad Media y encendiendo la chispa de la iluminación que durante los siglos XVII y XVIII dio origen a la Ilustración y a los movimientos revolucionarios emancipadores en diferentes lugares del planeta.

De esta forma quedó claro que los regímenes totalitaristas se oponen a los librepensadores y frente a la imposibilidad de refutar sus argumentos su única opción es eliminarlos y rehuirle al debate de ideas como lo ha hecho el caudillismo religioso durante los últimos cinco siglos, amparados en argumentos de autoridad que no tienen ninguna validez cuando se busca la verdad, el conocimiento informado y la razón.
En ese orden de ideas, lo que es bueno o lo que es correcto, no lo es porque lo diga la Biblia, la Constitución Política, la Corte Constitucional, la Procuraduría General de la Nación, un Juez de la República o este humilde servidor, sino porque así lo dicta un principio superior universal y no lo que muchos pensadores han denominado «relativismo ético» o «relativismo moral» que hoy predomina en las diferentes esferas de las sociedades dando paso a lo que yo he denominado «multimoralidad», que conduce a los individuos a actuar y a pensar de una forma frente a un hecho y a hacerlo de forma diferente frente a otro similar, aunque quede en evidencia su inconsistencia de pensamiento.

domingo, 6 de septiembre de 2020

TRANSTORNADORES DEL MUNDO


A Ralph Waldo Emerson (escritor, filósofo y poeta estadounidense del siglo XIX) se le atribuye la frase «Lo que haces habla tan alto que no puedo oír lo que dices»; no es extraño que Emerson pensara de esa forma, pues había estado bajo la influencia de la doctrina cristiana desde niño, ya que su padre fue pastor unitario y él también ejerció el pastorado durante un corto período de su vida.

La razón por la que siempre tengo un pensamiento, una frase o una máxima sobre algún tema en particular es porque desde niño me convertí en un «coleccionista de frases célebres» de pensadores del pasado y del presente, con fundamento en las cuales a veces me sumerjo en las profundidades de la medicación con el objeto de encontrar respuestas a algunas de las preguntas que formulo en mi búsqueda del conocimiento y de la verdad.

En mis estudios de las frases de esos pensadores y también de sus vidas, he encontrado que la gran mayoría de ellos no se quedaron en sus ideas sino que ejecutaron acciones que repercutieron sobre la humanidad más allá de sus generaciones, lo cual los hizo ser «transtornadores del mundo» y no solo ideólogos de una utopía.

Yo pienso que cuando alguien cree en algo esa persona actúa de acuerdo con lo que cree. Su vida es un reflejo de su pensamiento. También pienso que esa fue la razón por la que el Gran Maestro nos enseñó que «cada árbol se conoce por su fruto»; si los frutos nos permiten distinguir a un árbol de otro, así también la conducta o el comportamiento de un ser humano nos ayuda a conocer lo que de verdad cree esa persona. «Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» viven de tal forma que influyen sobre el destino de la humanidad y no se quedan solo en las palabras.

«Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» no se quedan solo en la queja permanente por la situación de sus naciones, esperando a que otro sea el agente de cambio, pues ellos no tienen mentalidad de cola, sino de cabeza; no esperan que la transformación la haga un caudillo, sino que deciden actuar y ser ellos la transformación.

«Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» no se preguntan por lo que la sociedad puede hacer por ellos, sino que a diario madrugan, enfrentan el día a día y se desvelan con una actitud apercibida para aprovechar cada oportunidad que les permita hacer algo por la sociedad, pues ellos son conscientes de que la sociedad no les debe algo por el hecho de haber nacido.

«Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» no se van de este planeta sin antes haber hecho algo para dejarlo mejor de lo que lo encontraron; con ello no solo dejan un legado de transformaciones, sino un ejemplo a seguir para aquellos que también se interesan en transtornar el mundo, ya que entienden que ni el «virus chino» es tan contagioso como el ejemplo.

«Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» no se doblegan ante la injusticia, la adversidad, la persecución o la tiranía, ya que su vida es gobernada por un Paradigma Superior que los guía con unos principios y valores superiores que pocos comprenden o aceptan; ellos entienden con toda claridad que «Al enemigo siempre se lo ve grande, si se lo mira de rodillas» como dijo el libertador argentino José Francisco de San Martín y Matorras.

Muchos de «Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» fallecen sin fama, honra, reconocimientos o agradecimientos de parte de la sociedad por los valiosos aportes que le hacen a la humanidad; algunos de ellos lo que reciben es lo contrario. Pienso que esto sucede porque «Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» no se interesan en alguna de esas banalidades, sino que actúan motivados por un propósito superior que los impulsa a creer que el cumplimiento de lo que les dicta su conciencia es su principal premio o recompensa.

A «Estos hombres, que han trastornado el mundo entero» quise rendirles un modesto homenaje desde esta tribuna de opinión.

domingo, 30 de agosto de 2020

REDUCCIÓN DE LOS GASTOS DEL ESTADO

Si existe un tema al que he dedicado gran parte de los últimos años a estudiarlo es el de la pobreza. He indagado estadísticas globales, nacionales, territoriales y locales, también he aprendido sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible ODS que la Organización de las Naciones Unidas ONU estableció en su Agenda 2030, he analizado las metodologías usadas en Colombia para medir la pobreza y antes de la crisis actual tenía un gran optimismo frente al avance de Colombia y del planeta en general en la reducción de la misma. Por lo anterior, me atrevo a hablar sobre pobreza en cualquier escenario, no con autoridad sino con argumentos. 

Cuando se habla de pobreza es casi imposible no hacer referencia a los individuos más ricos del planeta o del país; por ejemplo, esta semana se dio a conocer que Jeff Preston Bezos en la actualidad es el hombre más rico del planeta con un patrimonio aproximado de doscientos dos billones de dólares (US$202.000.000.000) que equivalen a casi setecientos sesenta billones de pesos ($759.596.760.000.000) que corresponden al 71,53% del Producto Interno Bruto de Colombia; en otras palabras, para acumular la riqueza de Bezos todos los colombianos deberíamos trabajar durante casi 9 meses; por eso puedo afirmar que si repartiéramos todas las posesiones del hombre más rico entre todos los pobres del mundo el resultado sería un pobre más. Por otro lado, los hombres más ricos de Colombia son Luis Carlos Sarmiento Angulo, Jaime Gilinski Bacal y Carlos Ardila Lülle con una riqueza aproximada de 45,9; 13,5 y 9,4 billones de pesos cada uno. Sumando la riqueza de los tres se obtendría como resultado casi el 6,5% del PIB colombiano.

El DANE dio a conocer esta semana que el gasto del gobierno general por finalidad durante el 2019 fue de casi 335 billones de pesos (31,54% del PIB), lo cual significa que el estado colombiano en un año se gasta el equivalente al 43,4% de la fortuna del hombre más rico del planeta y, teniendo en cuenta que los estados no producen riquezas, sino gastos, para financiarse necesitan que todos trabajemos y paguemos los tributos.

No conozco la base desde la cual se puede decir que una persona es rica o no, a diferencia de que sí se ha establecido una línea de pobreza internacional que genera mucha discusión en nuestro país.

En 1990 un grupo de investigadores propuso la utilización de los patrones de los países más pobres del mundo para calcular la población pobre del planeta para lo cual analizaron las líneas de pobreza de algunos de los países más pobres y las convirtieron a una moneda común usando la paridad del poder adquisitivo (PPA) y a partir de ella los investigadores concluyeron que en seis de los países más pobres el valor de la línea de pobreza nacional era de alrededor de US$1 al día por persona, valor que se tomó como la base de la primera línea de pobreza internacional; en el año 2005, esta se revisó sobre la base de 15 líneas de pobreza de los países más pobres del mundo y el resultado fue de US$1,25 al día por persona, que se tomó como la nueva línea de pobreza internacional; sin embargo, usando el mismo método en el año 2015 se determinó que la nueva línea de pobreza internacional es de US$1,90; en consecuencia, en Colombia una persona se considera pobre si tiene ingresos diarios por debajo de $7.145 ($214.342 al mes), según mis cálculos con base en la TRM del dólar. Muchos de las personas que tienen ingresos por encima de esa cifra la critican a partir de su percepción, pues ignoran que detrás de ese número a nivel mundial hay una gran cantidad de seres humanos que tienen que arreglárselas a diario para sobrevivir con ese ingreso. La solución más fácil para algunos sería quitarles su patrimonio a los más ricos y repartirlo entre los más pobres, pero como ya vimos esa «solución» lo único que lograría es que los ricos también se conviertan en pobres. A partir de esta idea se creó el índice de Schutz (también conocido como índice de Hoover o índice de Robin Hood) que mide los resultados de redistribuir los ingresos totales de la población más rica entre la población más pobre.

Casi todos conocemos la leyenda de Robin Hood y, por consiguiente, sabemos que él no le quitaba el dinero a los ricos para darlo a los pobres, sino que le quitaba al rey los tributos que recaudaba a la fuerza para devolverlos a sus legítimos dueños. Hago esta aclaración para advertir que si como sociedad quisiéramos implementar políticas públicas justas al estilo de Robin Hood, entonces lo que deberíamos exigir es la reducción de las diferentes tasas de tributación (IVA, ICA, renta, retención en la fuente, etc.) que golpean nuestro poder adquisitivo como individuos.

El tamaño de los estados debería ser proporcional al tamaño de la población que se ubica debajo de la línea de pobreza internacional y, en mi opinión, es hacia quienes hacen parte de este segmento poblacional que deberían enfocarse los programas sociales como por ejemplo la renta básica propuesta en el Foro Económico Mundial y cuya implementación se discute en diferentes naciones de la tierra, incluida Colombia en cuyo Congreso de la República el 20 de julio pasado se radicaron cuatro proyectos de ley de los cuales el que presentó el Partido Liberal Colombiano se asemeja más a lo que planteo en estas líneas de opinión.

Si dirigimos la atención estatal solo a los más vulnerables, entonces no sería necesario un estado paquidérmico, ineficaz e ineficiente como el que ahora tenemos; en consecuencia, tampoco sería necesario un gasto público en los niveles actuales y, por lo tanto, no sería necesario recaudar tantos recursos a través de impuestos y contribuciones onerosas que reducen la capacidad de consumo de todos los individuos colombianos.

La mejor manera de estimular la reactivación económica de los individuos, de los hogares y de las empresas no es aumentando las tasas de tributación y tampoco haciendo que el estado gaste más, sino todo lo contrario, ya que como lo he descrito si la riqueza no se crea entonces no habrá nada que redistribuir.

domingo, 23 de agosto de 2020

AUMENTO DE IMPUESTOS EN MEDIO DE LA CRISIS

Antes de que en Europa se diera el movimiento cultural e intelectual denominado «La Ilustración», la principal forma de gobierno de las sociedades era la monarquía que tiene como característica principal la sucesión del poder de una generación a otra dentro de una misma familia, ya que el cargo supremo del gobernante (monarca o rey) se considera personal, vitalicio, hereditario y se sostiene con los tributos de sus súbditos o gobernados.

«La Ilustración» recibió esta denominación porque buscaba que la humanidad saliera de la ignorancia y de la servidumbre a través de las luces del conocimiento y de la razón; por eso durante el siglo XVIII, conocido como el Siglo de las Luces, los intelectuales procuraron presentar sus pensamientos científicos, filosóficos, políticos y literarios; estos intelectuales fueron influenciados por los escritos del médico y filósofo inglés John Locke, «Padre del Liberalismo Clásico», cuyo pensamiento logró tener gran influencia en la Revolución Estadounidense que permitió la independencia de las colonias norteamericanas de la monarquía británica en 1783 que las obligaba a entregar más tributos para sostener sus «arcas públicas», dando paso a la Constitución de los Estados Unidos como un documento liberal. Los estadounidenses se liberaron del sistema monárquico y optaron por ser una república, pero lo más importante es que dieron un ejemplo que comenzó a imitarse a lo largo de todo el planeta y muy pronto fue copiado por otro movimiento emancipador en el año 1789, la Revolución Francesa, que le dio paso a la república en 1792 y es el símbolo histórico del triunfo del pensamiento liberal.

La Revolución Estadounidense y la Revolución Francesa tuvieron su fundamento en la filosofía liberal, pero en el siglo XX las ideologías absolutistas y populistas (fascismo y comunismo) se impusieron por la fuerza en algunas naciones, lo cual condujo a dos guerras mundiales en las que, por fortuna, vencieron las naciones en donde predominaba el pensamiento liberal cuya finalidad es una sociedad de individuos libres de la coerción gubernamental que les impone cargas tributarias para sostener a un grupo reducido de personas que hacen parte de lo que se denominan los poderes del estado.

Latinoamérica y, por supuesto, Colombia no han sido ajenas a esta lucha que ya no se da contra las monarquías sino contra quienes buscan imponernos ideologías cuyo fin es el crecimiento del tamaño de los estados y, por consiguiente, al igual que los monarcas, necesitan imponer mayores tributos a los individuos.

Para hablar del caso colombiano debo comenzar diciendo que durante los meses de agosto, septiembre y octubre muchos debemos presentar declaración de renta ante la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales DIAN y con base en ella muchos de los que trabajamos para llevarle el sustento diario a nuestras familias y para mejorar nuestra calidad de vida debemos contribuir de forma obligatoria (por eso se les llama impuestos) a las arcas del estado una parte importante de lo que produjimos durante el año 2019.

Para que nos hagamos una idea de cuánto nos cuesta a los colombianos sostener al aparato estatal debo decirles que nos toca trabajar aproximadamente 110 de los 365 días del año para financiar el gasto público; es decir, debemos dedicar 3,65 meses de los 12 para mantener el gasto del estado colombiano, lo cual se debe a que el Presupuesto General de la Nación de una vigencia fiscal equivale al 30% de lo que producimos en conjunto todos los colombianos durante un año; en otras palabras, 30 de cada 100 pesos que nos ganamos trabajando se los gasta el estado; si eso no es esclavitud en pleno siglo XXI, entonces ¿qué lo es?.

A principios de este mes (agosto de 2020) la Corte Constitucional (uno de los órganos que hace parte de los poderes del estado) tumbó el impuesto solidario creado mediante el Decreto 568 de 2020 que gravaba con tarifas entre 10% y 20% a los servidores públicos que ganaran más de $10.000.000 al mes (solo 22.429 de 1.086.246 servidores públicos), que en comparación con lo devengado por los demás trabajadores del país es bastante alto; sin embargo, con fundamento en conceptos de fiscales, jueces, magistrados, profesores, funcionarios de la Procuraduría o la Contraloría (todos ellos parte del poder del estado) que consideran que esos $10.000.000 constituyen su mínimo vital la Corte declaró inconstitucional el decreto. ¿Así funcionan las monarquías?.

Este impuesto fue destinado a subsidiar las nóminas de algunas empresas del sector privado para evitar que cerraran sus puertas y tuvieran que despedir a sus empleados. Por eso es importante resaltar que durante la crisis actual se han destruido en Colombia cerca de 5.000.000 de empleos y que todos los puestos de los servidores públicos se han mantenido a pesar de la crisis; es decir, los nuevos desempleados provienen del sector privado. La cifra más aterradora es la del decrecimiento de la economía colombiana en un 15,7% durante el segundo trimestre de 2020 (abril a junio), eso quiere decir que en solo tres meses todos los colombianos en conjunto perdimos la mitad de lo que se gasta el estado en un año.

Por todo lo anterior, cuando el Ministerio de Hacienda y Crédito Público anunció que se requería una nueva reforma tributaria para financiar el gasto del estado todos los opositores del Gobierno Nacional pusieron el grito en el cielo, por lo que el gobierno aclaró que este año no se tramitaría reforma tributaria alguna, pero que el próximo año sí; sin embargo, los mismos que se escandalizaron por el anuncio gubernamental, radicaron ante la Cámara de Representantes el pasado 20 de julio el Proyecto de Ley 070/2020C (https://www.camara.gov.co/impuesto-solidario-covid-19) que busca modificar el inconstitucional Decreto 568 de 2020 haciéndolo permanente para las personas naturales y para las empresas que sobrevivan a la crisis ¡Qué premio y qué estímulo! ¡Son unos genios!.

Solo para analizar lo que este proyecto de Ley le haría a las personas naturales hay que decir que quien gane entre $3.234.303 y $5.044.325 le sería expropiado el equivalente a 69,4 días trabajados en el año (2,3 meses); si gana entre $5.044.325 y $12.165.725 le confiscarían los ingresos de 102,2 días de trabajo anual (3,4 meses); así iría ascendiendo el tributo hasta quienes ganen más de $267.052.500 al mes (no sé si alguien en Colombia gane esta cifra como persona natural) tendrían que trabajar 200,8 días del año (6,6 meses) para mantener el gasto público colombiano. Quizás en otro momento haga el análisis de lo que ocurriría con las empresas existentes o las que quieran conformarse dentro del territorio nacional. En otras palabras, seamos empresarios o no, por obligación toca trabajar durante algún tiempo para sostener el gasto administrado por quienes nos gobiernan ¿Cuál es la diferencia con las monarquías?.

Aunque el Gobierno Nacional ha anunciado de manera reiterada que no hará una reforma tributaria este año, no me sorprendería que le dé el visto bueno a esta iniciativa parlamentaria, obviamente con las modificaciones que proponga el Ministerio de Hacienda y Crédito Público y que, en consecuencia, en diciembre el aguinaldo que nos den sea la aprobación de una reforma tributaria inconveniente para la reactivación de la economía del país, pero muy conveniente para los individuos que hacen parte de los tres poderes del estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. ¡Aunque algunos de ellos mientan diciendo que nunca han hecho parte del poder en Colombia!.

¿Qué otra cosa podemos esperar de los individuos que desde el poder político se han negado a reducir el número de parlamentarios y los onerosos sueldos que reciben por aprobar normas que reducen las libertades individuales de quienes tienen que trabajar para mantener sus altos ingresos, sus camionetas blindadas, sus costosos esquemas de seguridad, sus privilegiados regímenes especiales de salud, sus altas pensiones, la educación de sus hijos en las más prestigiosas universidades del mundo y hasta sus planes de telefonía móvil?

Cierro diciendo que durante la instalación de la Comisión de Expertos Tributarios, la «lumbrera» que dirige la DIAN dejó abierta la posibilidad de revisar las deducciones tributarias de los contribuyentes que tienen hijos o dependientes. Bien afirma el economista liberal argentino Javier Gerardo Milei: «Podrás ver a los políticos pelear fuertemente pero siempre se pondrán de acuerdo en una sola cosa de modo instantáneo: Subirnos los impuestos».

domingo, 16 de agosto de 2020

LOS NÚMEROS NO MIENTEN

Las ciencias exactas, ciencias puras, ciencias duras o ciencias fundamentales crean conocimiento a partir de la observación y de la experimentación; sus resultados pueden ser expresados en lenguaje matemático. La matemática es considerada una ciencia exacta, pura, dura o fundamental que estudia las propiedades y relaciones de los números y otros símbolos como formas abstractas haciendo uso del proceso de razonamiento lógico; su raíz etimológica proviene del del latín «mathematĭca», que a su vez proviene del griego μαθηματικά y este se deriva de μάθημα mathema»), que se traduce como «conocimiento».

Desde niño me enamoré de la matemática y esto hizo que tuviera facilidad para entender los números, así como también para usar el razonamiento lógico en mi forma de pensar. En la universidad, además de profundizar el estudio de la lógica booleana para comprender el «lenguaje de máquina» de los computadores a partir de los ceros y los unos (falso y verdadero, como lo había aprendido en la secundaria), también aprendí a plantear diferentes soluciones a los problemas mediante el uso de algoritmos y lenguajes de programación; a través del análisis de sistemas comencé a mirar a los números como datos, a partir de los cuales se puede generar información útil para crear conocimientos. Más tarde, al estudiar administración, pude comprender que toda actividad es susceptible de ser medida a través de indicadores con la finalidad de hacerle seguimiento y evaluaciones periódicas que permitan mejorar las acciones de forma orgánica y sistemática. Solo hay que descubrir las variables claves y su relación para tener los indicadores adecuados que nos ayuden a cuantificar la evolución de las acciones que ejecutamos y tomar decisiones guiados por el conocimiento y no por las emociones.

He aprendido también que los números, por ser abstractos, no tienen alguna manifestación emocional y que quienes dedicamos nuestra vida a estudiarlos o a aplicarlos terminamos pareciéndonos a ellos. Los números solo se encargan de representar la realidad como es, no como las personas pensamos, sentimos o deseamos que debería ser. Un seis ha sido, es y será un seis, a pesar de que existan algunos despistados o mentirosos que quieran hacerle creer a los demás que un seis también puede ser un nueve o viceversa.

Cuando comenzaron a conocerse estadísticas de la epidemia ocasionada por el nuevo coronavirus y, por consiguiente, su inevitable llegada a todos los rincones del planeta muchos quisimos pensar con el deseo de que aquel virus chino no contagiaría a nuestro entorno cercano. Preferimos quedarnos con la «posibilidad idealista» de que se podían impedir e ignoramos las «probabilidades reales» de que muchos se enfermarían y un porcentaje de éstos fallecería. Una variable impredecible por la cual la mayoría de epidemiólogos en todo el planeta se ha equivocado en sus recomendaciones para que los gobiernos puedan hacer una mejor gestión de la epidemia es la conducta individual de cada ser humano. Con algunos compañeros de pensamiento conversamos sobre este tema en el caso colombiano. No somos adivinos, videntes o profetas, pero nuestros temores de lo que ocurriría en Colombia se han ido cumpliendo en estos meses y aun falta, ya que no hemos comenzado todavía el descenso en la curva de contagios y de muertes.

Los gobernantes territoriales se dejaron ganar la carrera frente al coronavirus y se despreocuparon de tener indicadores reales de las estadísticas de contagio, a pesar de que el marco normativo adoptado durante el Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica declarado por el Gobierno Nacional les facilitaba esta tarea, prefirieron lavarse las manos y dejarle toda la responsabilidad a las Entidades Promotoras de Salud. La falta de cultura y de conocimientos de las administraciones territoriales para hacer seguimiento y control a su accionar facilitó que hoy no tenga sentido publicar estadísticas de contagios de hace dos semanas y hasta más. Con la intención de dejar la sensación ante la opinión pública de que sí están haciendo algo, de forma inútil intentan frenar los contagios mediante toques de queda y enviando unidades de policía y del ejército a diferentes sectores de las ciudades y de las zonas rurales, cuando lo que debieron hacer desde temprano fue preparar a un ejército de personas que implementara la estrategia PRASS (Pruebas, Rastreo y Aislamiento Selectivo Sostenible) y habilitar los laboratorios de salud pública departamentales para no depender del Instituto Nacional de Salud en Bogotá. Frente a la realidad de la ineficacia de las medidas gubernamentales actuales para incidir en la reducción de los contagios lo único que queda es esperar que el comportamiento natural del virus haga lo que le corresponde y el sistema inmunológico de cada individuo haga lo propio.

Aunque tengo la convicción de que los números no mienten yo espero, apreciado lector, que tú seas uno de los 99.093,4 de cada 100.000 colombianos a los que hasta el día de ayer (15/08/2020) no le habían confirmado su contagio por el nuevo coronavirus y que sigas haciendo parte de los 99.970,6 de cada 100.000 compatriotas que no han fallecido por el contagio de este virus.

Podría dejar mi opinión de hoy hasta ahí, pero debo decirte que por encima de los números existe Alguien que tampoco miente, se muda o cambia; quizás no puedas creer en Él porque no tienes evidencias de que exista o quizás te resistas a creerle a pesar de que los números han demostrado que Él no miente, pero a través de dos hombres que se hallaban encerrados en contra de su voluntad, le dio esperanza a un hombre que creía ser libre y en en medio de una crisis quería suicidarse:

«Luego los sacó y les preguntó:

— Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?

Ellos contestaron:

— Cree en el Señor Jesús, y obtendrás la salvación tú y tu familia» (Hechos 16:30-31).

El mejor consejo que puedo darte en medio de esta epidemia es ese mismo: ¡Cree en el Señor Jesucristo!

Que Dios bendiga a nuestra Nación.