El 7 de agosto de 2020 (hace 2 días) se conmemoraron 201 años de la Batalla de Boyacá en la que además de Simón Bolívar uno de los principales protagonistas fue Francisco de Paula Santander, quien es conocido como «el hombre de las leyes» quizás por el dictum «Colombianos: las armas os han dado la independencia, pero solo las leyes os darán la libertad» que pronunció el 30 de agosto de 1821 en el Congreso de Cúcuta, en el que fue elegido como Vicepresidente de Colombia. Esta frase se encuentra escrita en el Palacio de Justicia de Colombia en Bogotá y dio origen a la expresión «santanderismo» que hace referencia a la intrascendencia o incumplimiento de las normas.
Por lo anterior, mi opinión de hoy gira en
torno a las leyes colombianas como un impedimento para que los individuos
puedan disfrutar de sus libertades a plenitud.
Bruno Leoni, filósofo y abogado italiano, con su libro «La libertad y la ley» hizo un gran aporte a la teoría del liberalismo y en él expone razonamientos de la tradición griega y romana; entre otras cosas señaló lo siguiente:
«La concepción griega de la certeza de la ley era la de una ley escrita. Aunque no estamos directamente interesados aquí en los problemas de investigación histórica, es interesante recordar que los griegos, especialmente en sus primeros tiempos, tuvieron también un concepto del derecho consuetudinario y, en general, del derecho no escrito. El mismo Aristóteles habla de este último. Éste no debería ser confundido con el concepto, más reciente, de la ley como un complejo de fórmulas escritas en el sentido técnico que el término nomos asumió durante los siglos V y IV antes de Cristo. Pero los antiguos griegos, en un periodo más maduro de su historia, llegaron a cansarse de su idea usual de la ley como algo escrito y promulgado por cuerpos legislativos tales como la asamblea popular ateniense.
El ejemplo de los antiguos griegos viene particularmente a cuento a este respecto, no sólo porque fueron los iniciadores de los sistemas políticos adoptados más tarde por los países occidentales, sino también porque casi todo el pueblo griego, particularmente los atenienses, era partidario sincero de la libertad política, en un sentido perfectamente comprensible para nosotros y comparable con el nuestro.» (https://www.elcato.org/bibliotecadelalibertad/la-libertad-y-la-ley-html#lf03_div_008)
Aunque fueron los griegos los que propusieron los fundamentos filosóficos del pensamiento liberal, sobre todo Platón con su propuesta de «La República», cuyas ideas recogería el economista y filósofo Adam Smith siglos después en «La Riqueza de las Naciones» (de eso me referiré en otra ocasión), fueron los romanos quienes pusieron en práctica esas ideas creyendo que «Para ser libres hay que ser esclavos de la ley» (Marco Tulio Cicerón); sin embargo, ellos mismos alcanzaron a advertir la amenaza que se derivaría de creer que las leyes eran las garantes de la libertad de los individuos: «Cuanto más corrupta es la República, más corruptas son las leyes» (Cornelio Tácito).
El economista, ingeniero, exministro de salud y protección social y actual rector de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, en su libro «Siquiera tenemos las palabras», dijo lo siguiente: «Las leyes, por ejemplo, no cambian el mundo. Algunas veces son más una forma de evasión que un instrumento para la solución de los problemas»; sin embargo, en Colombia tenemos la concepción santanderista de que los problemas se arreglan «mágicamente» con la expedición de una nueva norma.
El video «Integridad, transparencia y lucha contra la corrupción», producido por la Escuela Superior de Administración Pública ESAP, citando al Canal Uno (2017) revela que desde la creación del Congreso de la República, el 27 de noviembre de 1820, hasta el año 2017, Colombia tenía un número de 5.967.000 leyes, de las cuales casi todas se encuentran vigentes; si incluimos toda la jurisprudencia existente, además de las ordenanzas departamentales, los acuerdos municipales, los decretos y las resoluciones expedidas por diferentes entidades del estado facultadas para hacerlo, entonces podríamos afirmar que todo este acervo de normas limitan el ejercicio de nuestras libertades individuales en lugar de darnos libertad, como sentenció Santander.
Agreguémosle a todo lo anterior que los congresistas colombianos para congraciarse con alguno de sus caudillos y no con las libertades de sus conciudadanos presentan proyectos de Acto Legislativo para modificar algún articulito de la Constitución Política, entonces encontramos que en menos de 30 años de vigencia de nuestra Carta Magna se han hecho más de 50 reformas constitucionales. Pocas de las iniciativas legislativas presentadas en cada legislatura tienen la finalidad de brindar o garantizar mayores libertades al individuo y, por el contrario, lo que buscan es crear imposiciones, limitar libertades, aumentar tributos, crear trámites para que el individuo tenga mayor dependencia del estado; no obstante, gran parte de esas iniciativas legislativas le brindan privilegios a quienes hacen parte de la clase política. Cuando un individuo tiene alta dependencia del estado, su libertad está muy comprometida.
Si las leyes dieran libertad, como dijo Santander, entonces Colombia sería uno de los países más libres del mundo con un promedio de expedición de 30,3 leyes por año; sin embargo, nuestra realidad nos demuestra todo lo contrario: La libertad, vista como el poder de los individuos para ser libres, se encuentra limitada por el poder del estado para ejercer coerción sobre los primeros, utilizando como instrumento para hacerlo las leyes que deberían garantizar un mayor disfrute de la libertad. ¡Qué gran paradoja!.
Lo que resulta más paradójico es que Francisco de Paula Santander es considerado como fundador del Partido Liberal Colombiano, por lo cual, casi dos siglos después de que pronunciara su famosa frase, si tuviera al hombre de las leyes frente mí tendría que decirle: «Francisco de Paula, te equivocaste, pues las leyes no nos dieron la libertad, sino todo lo contrario, nos la limitaron».

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